La era de Acuario y el pozo de Sicar


Hace bastantes años, cuando vivía en el Colegio Mayor Jaime del Amo, dirigí un seminario a un grupo de religiosos (sobre todo religiosas) sobre el movimiento New Age. Como se sabe, este difuso movimiento habla del final de una era oscura y violenta, la era de Piscis, dominada por el cristianismo, y anuncia el advenimiento de una “nueva era”, era de síntesis, armonía y paz, la era de “Acuario”, que, en palabras de una de sus propagandistas, Marilyn Ferguson, “viene a apagar una antigua sed”.

Una de las transformaciones más notables de esta nueva era habría de ser la de las estructuras sociales, que en vez de rígidas y piramidales (por supuesto, “patriarcales”), habían de ser flexibles y horizontales, como las redes…

Aquel seminario, en el que como suele suceder, aprendí tanto o tal vez más que los alumnos (ya resultas del cual incluso escribí un pequeño libro sobre el tema), me permitió asomarme a este nuevo “paradigma cultural”, en el que me pareció que había muchos buenos deseos, bastante propaganda, algo de ingenuidad adolescente, y, en el fondo, un enorme refrito de viejas ideas, que mezclaba el antiguo esoterismo gnóstico con el gusto por el exotismo oriental y las técnicas culturales de las Selecciones del Reader Digest…

A la vista de cómo camina el mundo, parece que, en vez de la famosa “síntesis cultural” preconizada por los profestas de la New Age, lo que está surgiendo son nuevas polarizaciones, y si parece verdad que se extiende la difusa organización social en “red” (así, en el ámbito de la comunicación, aquí está la “inter-red”, más conocida por internet), no lo es tanto que eso garantice por sí mismo la paz universal, la “paz perpetua”, que decía Kant, pues la red es un mero instrumento que se puede usar para bien o para mal y, si no, que nos lo digan a nosotros, que no paramos de oir hablar de la “red Al qaeda”…

El caso es que, al margen de los signos zodaquiales, que nunca me han atraído, ahí sigue presente, hoy como siempre, esa antigua sed, que anida en el fondo del corazón humano, y que no es posible apagar por medio de cambios epocales más o menos deteminados por los movimientos de las estrellas, sino por la vía personal de la conversión; y, más que fruto de un esfuerzo ascético, que también habrá que hacer, se trata de un don o, como decimos los cristianos, una gracia, que se alcanza en el encuentro personal con Jesús. Es Jesús el que se nos presenta hoy en el densísimo diálogo con la mujer samaritana como el portador de ese agua que apaga las sedes fundamentales del ser humano de hoy y de siempre. La Palabra nos invita hoy a dejarnos interpelar por este peregrino sediento, que empieza pidiendo, pero lo hace para dar él lo que, en lo más profundo de nuestro ser, andamos anhelando siempre.

Feliz domingo, el tercero del camino cuaresmal.

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3 comentarios to “La era de Acuario y el pozo de Sicar”

  1. José Luis Says:

    ¿Título del pequeño libro sobre el tema de la New Age?…

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