Archive for 21 junio 2014

Un jueves que brilla en Domingo

junio 21, 2014

1Este del Corpus era uno de esos tres jueves que relucían más que el sol (junto con el Jueves Santo y la Ascensión). La verdad es que el jueves santo, ante la imposibilidad de que lo trasladen al domingo siguiente, se ha quedado solo. Pero, pese a estos cambios, que nos recuerdan la secularización que va orillando las fiestas religiosas, la luz del Corpus, como la de la Ascensión siguen brillando con luz propia, independientemente del día de la semana en que se celebren.

Es verdad que esta fiesta del Corpus es relativamente tardía, pues surge en el siglo XI como reacción a las objeciones que a la presencia real oponía un tal Berengario. Pero la historia con sus vueltas y revueltas es ocasión para pensar, reflexionar y profundizar. Y aquellas polémicas, que hoy nos resultan extrañas, fructificaron en una tradición que ha sido extraordinariamente rica y fecunda para la vida de la Iglesia. Habrá quien objete, y no sin razón, que el “culto” a la Eucaristía puede desvirtuar la “celebración” eucarística: la Eucaristía no es sólo un trozo de pan en el que se hace realmente presente el cuerpo de Cristo, sino que es toda la celebración: la reunión misma de los fieles, la petición de perdón, la escucha de la Palabra, las alabanzas y peticiones que eleva la asamblea, y también claro, la oración eucarística en que en el pan y el vino ofrecidos se hacen presentes por la acción del Espíritu el cuerpo y la sangre de Cristo, en torno al cual podemos sentirnos hermanos y orar juntos el padre nuestro, darnos la 2paz y, por fin, alimentar nuestro espíritu en la comunión. Si Cristo se hizo hombre, asumió nuestra carne, para entregarse por todos nosotros, así, el pan partido y el vino ofrecido son sacramentos de esa entrega: no se consagra el pan y el vino para contemplarlos, sino para comerlos, para alimentarnos con ellos. Pero así como la Palabra requiere del silencio previo para que pueda ser escuchada, así el misterio eucarístico, “fuente y cumbre de la vida cristiana”, pide que no lo celebremos apresuradamente, sin atención ni conciencia, sino con un espíritu abierto y un corazón dispuesto. Y la contemplación y la adoración eucarística son un modo excelente de disponerse bien y acoger conscientemente el don que se nos hace.

Las lecturas de hoy iluminan muy bien el sentido de este regalo que Dios nos hace y que no es otra cosa que el mismo Jesucristo, muerto y resucitado.

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Santísima Trinidad

junio 14, 2014

searchPara muchos el misterio de la Santísima Trinidad es un misterio ocioso. En realidad, “daría lo mismo” una imagen u otra de Dios, más si una de ellas, como esta trinitaria, se presenta como una paradoja (tres en uno…) que supera nuestras capacidades de comprensión. Por eso, se dice con frecuencia que “no hay más que un Dios”, como queriendo decir que lo importante es creer en ese Dios que de un modo u otro se profesa en todas las religiones, da igual de qué manera o bajo qué imagen. Se refuerza esta impresión cuando se considera que la alternativa es la negación de Dios y de toda la dimensión religiosa. Pero que el ateísmo (teórico y práctico, este último como pura indiferencia a la cuestión de Dios) parezca extenderse como una mancha de aceite no significa que nos haya de valer cualquier imagen de Dios. Porque no es verdad que dé lo mismo la imagen de Dios que profesemos (algunas pueden ser de hecho acicates del ateísmo), ni que todos los creyentes creamos en el mismo Dios. En primer lugar porque nuestras “imágenes” de Dios no pueden contener al verdadero Dios. Muchas de ellas nos apartan de Él y derivan a formas muy inmaduras, imperfectas o desviadas de la experiencia religiosa, como la idolatría (que confunde a Dios con ciertas realidades creadas) o el panteísmo (que identifica a Dios con el mundo, o con cierta impersonal “energía” positiva o negativa, según los gustos). Hay religiones que nos parecen tener un aire de familia con la fe cristiana, como son las llamadas “religiones del libro”, que, junto al mismo cristianismo, serían el judaísmo y el islam. Pero también aquí hay que tener cuidado. En lo referente al Islam, aunque Mahoma se inspirara en la Biblia judía y cristiana (literalmente, la copiara, confundiendo y desfigurando), hay que tener cuidado porque su monoteísmo es “monárquico”, esto es, de un Dios solitario, tiránico, que no deja espacio alguno para la libertad humana, y ante el que sólo cabe el sometimiento servil. Para el Islam, el ser humano no es imagen de Dios, sino sólo siervo suyo. En el caso del judaísmo, descubrimos una “imagen” de Dios mucho más perfecta: un Dios transcendente y personal, que crea por amor y abre el espacio de la libertad humana (por eso es más el Dios de la historia que el de la naturaleza), un Dios ante el que el hombre puede elevar su voz, y luchar con Él, como Jacob (cf. Gn 32, 25-31), un Dios que no impone, sino que propone su ley en forma de una alianza, es decir, de un pacto, que sólo puede aceptarse libremente… Ya sé que en el AT hay muchos textos terribles, pero se da en él una clara evolución que avanza decidido hacia la imagen del Dios Padre de todos los hombres sin excepción. Es decir, en el AT, cuando se lo sabe leer entre líneas, está latente (siempre con mayor claridad) el Nuevo Testamento. Y es que la única imagen perfecta y verdadera, y por eso mismo definitiva, de Dios es la que Él mismo nos ha dado en su Hijo Jesucristo: “imagen de Dios invisible” (Col 1, 15). El cristianismo no es realmente una “religión del libro”, sino la religión de la Palabra, “viva y eficaz y más cortante que una espada de dos filos” (Hb 4, 12).

searchAsí que los cristianos no creemos simplemente en Dios, así, en general, sino en el Dios que se ha hecho hombre, en el Dios de Jesucristo, en el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, habitado internamente por la diferencia y la relación interpersonal, aunque en la perfecta unidad. La perfecta unidad que no anula las diferencias, sino que las conserva, eso es el amor. Por eso, no decimos sólo que “Dios ama”, sino que “Dios es amor”. Así que lo que celebramos hoy no es un enigma, propuesto para rompernos la cabeza, sino un misterio cercano: el misterio del Amor. Y el amor, más que una norma moral, es un “mandamiento”, algo que Dios nos manda, nos envía, nos regala en su Hijo Jesucristo, en su Espíritu, es la vida misma de Dios; de modo que la salvación no consiste en “ir a determinado lugar” (y la condenación a otro): la salvación consiste en participar de la vida misma de Dios, que Él nos ha manifestado y puesto a nuestro alcance por medio de la carne del Verbo, de la humanidad de Cristo; y la condenación en exiliarse voluntariamente de esa comunión.

Bueno, aquí lo dejo, el resto está en el comentario adjunto. Feliz fiesta de la Santísima Trinidad.