“HOY”


“Hoy se cumple esta escritura”

 

El misterio de la encarnación es, también, el misterio de la “temporalización”. El Dios invisible se hace carne, el Dios eterno se hace tiempo. La carne es presencia espacial: aquí estoy. El tiempo es presencia actual: “ahora”.
Eso es lo que dice Jesús en la sinagoga de Nazaret, a eso se resume toda su predicación: “ahora” se cumple esta escritura. Con su encarnación y temporalización ha terminado el tiempo de la espera, empieza el de la presencia “aquí y ahora”. Aunque se trata de una presencia real en las condiciones reales de nuestro mundo, que, en tantos aspectos, es refractario a acogerla. Por eso se trata de una salvación ya operante y real, pero en camino: es un punto de partida, la llamada a emprender un camino. Y ahí tenemos nosotros una palabra que decir. Que nadie espere una salvación mágica, en la que todo cambia sin que nosotros no tengamos nada qué hacer. 
Es curioso que las utopías contemporáneas sean una especie de herejía cristiana, en las que se trata de construir el cielo en la tierra por medio del exclusivo esfuerzo humano, sin participación alguna de Dios, sin intervención de la gracia (no le queremos dejar a Dios que nos regale nada, nada queremos deberle). Pero, a la hora de la verdad, esas utopías titánicas y pelagianas, acaban por confiar todo el esfuerzo de transformación al líder carismático, o al partido “vanguardia del proletariado”, exigiendo para ellos una confianza (fe) ciega, además de una sumisión absoluta. Acaba resultando que los “beneficiarios” de las utopías deben cargar con los sinsabores de la construcción, pero sin asumir en ella ninguna responsabilidad, porque todos los méritos se los llevan los líderes (que, de paso, no tienen que soportar las duras condiciones de vida de sus subordinados). 
En el caso del Reino de Dios las cosas son, paradójicamente, diametralmente opuestas: todo empieza por la intervención gratuita y salvífica de Dios, que lo hace sometiéndose a nuestras concretas (y duras) condiciones de vida. Pero Dios no se nos impone, no ignora nuestra voluntad libre, no deja nunca de respetarla. Dios interviene, pero proponiendo. El “ahora” de la salvación significa que Dios ya está a nuestro lado, en la carne de Cristo, pero él mismo, encarnado, está en camino y nos invita, si queremos, a caminar con él, a vivir como él. La gracia de Dios se aparece en Cristo, pero para fundar una cooperativa, si es que queremos decirlo así. 
Y esta es la invitación que Jesús nos dirige hoy, al decirnos “hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”. Es como si nos dijera: hoy se puede cumplir para vosotros esta escritura que acabáis de oír, si aceptáis acompañarme por el camino que yo voy a recorrer.
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