Archive for 31 diciembre 2019

01 de Enero Santa María Madre de Dios

diciembre 31, 2019

 

Lectura del libro de los Números 6,22-27 El Señor te bendiga y te conceda la paz

El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.” Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

Salmo Sal 66 R/. El Señor tenga piedad y nos bendiga

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4,4-7 Nacido de una mujer

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! (Padre).» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,16-21 María conservaba todas estas cosas en el corazón

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

La plenitud de los tiempos

 

Al estrenar una nueva “porción” de tiempo, un nuevo año, es casi inevitable preguntarse por esta cotidiana y misteriosa dimensión de nuestra vida. Tal vez nadie hizo nunca esta pregunta de manera más inteligente y profunda que San Agustín: Quid ergo est tempus? Si nemo ex me quaerat, scio; si quaerente explicare velim, nescio” – “¿Qué es el tiempo? Si nadie me pregunta yo lo sé. Pero si quiero explicarlo al que me pregunta, entonces no lo sé” (San Agustín, Confesiones, XI, 14). El tiempo es ese eterno fluir en cuyo seno suceden y se suceden todos los acontecimientos de la naturaleza y de la historia, pero que nos parece que seguiría fluyendo aun en el caso de que nada sucediera. El ser humano se las ha ingeniado para racionalizar y, en cierto modo, dominar esta misteriosa dimensión y situarse en ella dividiéndola, clasificándola y asignándole números. Es verdad que para ello se ha apoyado en los ciclos naturales que se repiten de manera constante: el día y la noche, el invierno, la primavera, el verano y el otoño. Pero la historia humana, a diferencia de los ciclos naturales, añade novedad a ese eterno fluir temporal, y hace que la rueda del tiempo se distienda como una línea abierta. Y, sin embargo, aquel “eterno retorno” se refleja en cierto modo también en nuestra historia: los problemas, los conflictos, las limitaciones, los sufrimientos, las injusticias… el mal, en suma, con sus múltiples rostros, forman parte de la herencia que cada año que termina le pasa al siguiente. Pero el corazón humano no se resigna, y no cesa por ello de esperar que el año nuevo, la porción de tiempo que estrenamos al asignarle una nueva cifra, sea mejor, más propicio, esté menos gravado por la maldición el mal, y venga, en suma, cargado de mayores bienes, de bendiciones.

La hermosa bendición del libro de los Números, que la Iglesia lee en los umbrales de cada nuevo año, expresa con fuerza y profundidad los anhelos más o menos escondidos en el corazón del hombre: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.” Y es que la Iglesia, haciéndose eco de los deseos y las esperanzas en un mundo mejor, celebra cada 1 de enero la jornada mundial de la paz. La paz, bien entendida, es el fruto que sintetiza todos los bienes a los que aspira permanentemente el corazón humano y que son como las condiciones necesarias de aquella: la verdad, la justicia, el amor y la libertad, como afirmó Juan XXIII en su encíclica Pacem in terris.

Ahora bien, la Iglesia y todos los cristianos celebramos esta jornada apoyados no sólo en buenos deseos, que pueden revelarse, por lo demás, deseos hueros, sino en una realidad firme, concreta, encarnada: la bendición de Dios se ha hecho tiempo, historia humana, carne por medio del nacimiento del Hijo de Dios. Por él, la bendición del libro de los Números no es sólo un buen deseo (“que el Señor te bendiga…”), sino un acontecimiento histórico: el Señor nos ha bendecido, ha hecho brillar su rostro sobre nosotros, nos ha concedido su favor, se ha fijado en nosotros, nos ha dado la paz, “él es nuestra paz” (Ef 2, 14). El tiempo, ese eterno fluir, en apariencia indiferente, ha conocido su plenitud cuando ha sido visitado por el Dios eterno, por el Señor y creador del tiempo y de la historia, nacido de una mujer. La jornada mundial de la paz se celebra bajo la protección y el patrocinio de “una mujer”, María, Madre de Dios. En ese título, “Madre de Dios”, la Iglesia confiesa quién es ese que ha nacido de ella: el Hijo, el Verbo eterno de Dios, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, el Mesías y salvador, que eso significa el nombre que le pusieron, según la ley, a los ocho días: Jesús, “Dios salva”.

Con el título de Madre de Dios la Iglesia expresó (en el Concilio de Éfeso, año 431) su fe en que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Por medio de María, madre de Dios, se nos ha abierto la posibilidad de ser libres, de ser hijos en el Hijo, de que el Espíritu clame en nosotros “¡Abba! ¡Padre!”. Y si somos hijos de Dios, quiere decir que somos hermanos, y si todos estamos llamadas a ser hermanos, significa que podemos y debemos vivir en la paz de la fraternidad.

Pero, seamos sinceros, ese mismo corazón nuestro que anhela la bendición de la paz, sabe, en el fondo, que en el nuevo año todo seguirá en nuestro mundo más o menos igual… Si Dios nos ha bendecido con el nacimiento de Jesús, ¿por qué no tenemos paz (verdad, justicia, amor y libertad)? Tal vez porque al don de la bendición hay que responder de forma adecuada, y eso es lo que probablemente nos falte. Esto es lo que nos enseñan los pastores: ir al portal y adorar al niño; y, sobre todo, María, que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” Vivimos demasiado agobiados, demasiado deprisa, pensando que todo depende de nosotros. Pero el don de la paz, que es fruto de una bendición, la que se ha producido con el nacimiento de Jesús, es ante todo un don que nos pide correr a Belén, y allí pararnos, contemplar, adorar, acoger en silencio la Palabra, meditarla y conservarla en nuestro corazón. Si dedicáramos más tiempo a la adoración y a la contemplación, esas actividades tan “inútiles”, empezaríamos por pacificarnos a nosotros mismos, a convertirnos desde dentro en agentes de esa paz que no se consigue ni sólo con pactos, ni con imposiciones, ni con puro voluntarismo. Es verdad que hay que trabajar por la paz. Pero para ello hay que acoger primero la bendición del Señor, acoger al Señor del tiempo, a la Palabra encarnada, y dejar que eche raíces en nuestro corazón.

Pero ahora, en el umbral del nuevo año, contemplando al niño en brazos de María, madre de Dios, dejemos simplemente que la bendición de Dios descienda sobre nosotros como un rocío benéfico: “Que el Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.”

СВЯТОЕ СЕМЕЙСТВО ИИСУС, МАРИЯ И ИОСИФ

diciembre 29, 2019

Чтение книги Премудрости Иисуса, сына Сирахова 3, 2-6. 12-14

Господь возвысил отца над детьми и утвердил суд матери над сыновьями. Почитающий отца очистится от грехов, и уважающий мать свою — как приобретающий сокровища. Почитающий отца будет иметь радость от детей своих, и в день молитвы своей будет услышан. Уважающий отца будет долгоденствовать, и послушный Господу успокоит мать свою. Сын! прими отца твоего в старости его, и не огорчай его в жизни его. Хотя бы он и оскудел разумом, имей снисхождение, и не пренебрегай им при полноте силы твоей. Ибо милосердие к отцу не забыто; несмотря на грехи твои, благосостояние твоё умножится.

 

ОТВЕТНЫЙ ПСАЛОМ Пс 128 Припев: Блаженны все, кто ходит по путям Господним.

 

Чтение Послания святого Апостола Павла к Колоссянам 3, 12-21

Братья: Облекитесь, как избранные Божии, святые и возлюбленные, в милосердие, благость, смиренномудрие, кротость, долготерпение, снисходя друг другу и прощая взаимно, если кто на кого имеет жалобу: как Христос простил вас, так и вы. Более же всего облекитесь в любовь, которая есть совокупность совершенства. И да владычествует в сердцах ваших мир Божий, к которому вы и призваны в одном теле; и будьте дружелюбны. Слово Христово да вселяется в вас обильно, со всякою премудростью; научайте и вразумляйте друг друга псалмами, славословием и духовными песнями, во благодати воспевая в сердцах ваших Господу. И всё, что вы делаете, словом или делом, всё делайте во имя Господа Иисуса Христа, благодаря через Него Бога и Отца. Жёны, повинуйтесь мужьям своим, как прилично в Господе. Мужья, любите своих жён и не будьте к ним суровы. Дети, будьте послушны родителям вашим во всём; ибо это благоугодно Господу. Отцы, не раздражайте детей ваших, дабы они не унывали.

 

+ Чтение святого Евангелия от Матфея 2, 13-15. 19-23

Когда волхвы отошли, — се, Ангел Господень является во сне Иосифу и говорит: встань, возьми Младенца и Матерь Его, и беги в Египет, и будь там, доколе не скажу тебе; ибо Ирод хочет искать Младенца, чтобы погубить Его. Он встал, взял Младенца и Матерь Его ночью, и пошёл в Египет, и там был до смерти Ирода, да сбудется сказанное Господом через пророка, который говорит: «из Египта воззвал Я Сына Моего». По смерти же Ирода, се, Ангел Господень во сне является Иосифу в Египте и говорит: встань, возьми Младенца и Матерь Его, и иди в землю Израилеву; ибо умерли искавшие души Младенца. Он встал, взял Младенца и Матерь Его и пришёл в землю Израилеву. Услышав же, что Архелай царствует в Иудее вместо Ирода, отца своего, убоялся туда идти; но, получив во сне откровение, пошёл в пределы Галилейские. И, придя, поселился в городе, называемом Назарет, да сбудется сказанное через пророков, что Он Назореем наречётся.

 

Возьми Младенца

 

Свет во тьме светит, Слово стало плотью. Ослеплённые, в ночи нашего мира, светом Рождества Христова, наши очи, плененные светочем, взирали на Младенца. Однако по мере того, как глаза привыкали ко столь яркому сиянию, начинали проглядываться также детали, доселе остававшиеся в сумраке. Подле Младенца Иисуса мы обнаруживаем Марию и Иосифа, без кого Его близость была бы невозможна. Ведь Слово стало человеком, плотью человеческой; а быть человеком означает, в самом сердце своём, находиться в отношениях. «Человек вообще» – чистая абстракция. Существует не человек-индивид как таковой, а личность: безусловно, уникальная, незаменимая, но являющаяся также узлом в целой сети взаимоотношений. Быть человеком неизбежно значит быть сыном, братом, другом, соседом (в том или ином смысле), отцом или матерью.

Если Сын Предвечного Отца, Божий Глагол стал сыном человеческим, плотью, подобной нашей, то и человек – всякий человек – наделён бесконечной ценностью. Но эти бесконечные ценность и достоинство помещены в глиняные сосуды и зависят от их огромной хрупкости. Достаточно подумать о том, сколь беззащитным рождается человеческое дитя, более, нежели детёныши любого другого вида животных! Многие опасности угрожают жизнеспособности как новорождённого младенца, так и находящегося в процессе появления на свет. Бог стал человеком, а это значит, что сначала Он стал эмбрионом, а потом младенцем – уязвимым, беззащитным, полностью зависимым, во всех смыслах нуждающимся, испытывающим потребность во всякой заботе. Евангелие от Матфея настоятельно подчёркивает сегодня именно этот аспект: оно описывает опасность смерти, со всех сторон грозящую едва родившемуся младенцу, обратившую его в беглеца, изгнанника, эмигранта, чужака. Св. ев. Матфей подробно описывает то, что св. ап. Иоанн выразил ёмко: «Пришёл к своим, и свои Его не приняли» (Ин 1, 11).

Бесконечная ценность человека, явленная Иисусом в Откровении Своего Рождества, нуждается в защите от всюду подстерегающих его опасностей, от риска, который влечёт за собой принятие человеческой плоти во всей её уязвимости. Первый ларец, оберегающий эту одновременно бесконечную и хрупкую ценность человека, это материнское чрево; второй же – семья. Так же было и со Христом. Вочеловечившись, Он становится сперва сыном, членом семьи. Именно семья принимает (уже тем, что даёт ей рождение) едва явившуюся на свет человеческую жизнь, делает её жизнеспособной, питает её и растит. Чтобы стать самим собой,  достичь самостоятельности, нужно сначала побыть зависимым; кто хочет сделать собственный вклад в общество и историю (каким бы тот ни казался малым), должен сперва принять от других всё необходимое для жизни (сначала поступающую через пуповину кровь, а после – тепло материнских объятий, пищу, одежду, образование…); чтобы достичь уверенности в себе, необходимо испытать доверие, уверенность в семье; чтобы, наконец, уметь общаться с другими на равных, необходимо почувствовать на себе то единственное неравенство, что не оскорбляет нашего достоинства, ведь оно было для нас как бы благотворным провидением, пришедшим на помощь нашей изначальной беззащитности.

Так же было и с Иисусом. Слово Божие вочеловечившееся, Младенец Иисус является пред нашим взором на руках у Марии, и получаемая Им свыше защита Провидения пред лицом многих угроз и опасностей, подстерегающих Его с самого рождения, не отличается от той, что получают (или должны получать) остальные смертные: материнская забота и труды, ночи без сна, трудные решения Его земного отца, с точностью и мастерством изображаемые сегодня св. ев. Матфеем.

Мы по-прежнему обращаем взор на Младенца Иисуса, но при этом охватываем полную картину Святого Семейства. Воистину, это совершенно особенное семейство, почему мы и зовём его «Святым»: Мария, непорочная жена, Дева и Матерь; Иосиф, муж праведный, что для библейских авторов означает «богоугодный»; Иисус, предвечный сын Предвечного Отца. Однако как из воплощения Христа, его вочеловечения, следует утверждение ценности и достоинства человека – всякого человека без исключения – так и открывая Христа как члена Святого Семейства, мы понимаем, что семья как таковая священна, она создана Богом и Им любима. Провидение делает возможной жизнь человека, жизнь каждого из нас, созидая среду, в которой, в благоприятных взаимоотношениях любви, зависимости, послушания и уважения, растёт и укрепляется свобода, ответственность, доверие – всё это те составляющие, что делают возможным впоследствии жить осмысленно собственной жизнью. Но не нужно понимать семью как временное удовлетворение потребностей первой фазы человеческой жизни. Эти первоначальные семейные узы глубоко и навечно накладывают на неё печать. Хотя, обретая независимость, человек и оставляет семейный очаг, чтобы основать свой собственный и жить по собственным замыслам, этот уход нельзя понимать как разрыв. Начальная зависимость обращается потом в благодарность, в ответственность и заботу о своих уже престарелых родителях. Мы никогда не перестаём быть детьми, хотя сыновние отношения растут, развиваются и преображаются по мере того, как растём мы сами. Семейная реальность говорит нам, на самом деле, о том, что мы призваны к отношениям и к любви, что эти отношения и любовь, будучи призванием людей свободных, требуют от нас и ответственности: мы ответственны друг за друга. И в первую очередь, родители ответственны за своих детей, зависящих от них в основном и более всего в том, чтобы суметь стать самими собой.

Как и человеческая жизнь в целом, как и едва начавшаяся жизнь Иисуса, так и семья во всей её святости подвержена многим угрозам. В наши дни, вероятно, величайшая опасность происходит от свободы, понимаемой и провозглашаемой как безответственность, то есть, разрыв связей. Мы хотим свободы, но не хотим отвечать за неё ни перед кем и ни перед чем. Такая свобода часто понимается как чистая эмансипация, отсутствие всяких отношений и обязательств, что связали бы узами нашу жизнь, но вместе с тем – наполняли бы её содержимым. Свобода, понимаемая как чистая субъективная воля (иначе, каприз), отображается в отношения временные, непостоянные, она полагает возможным без раздумий разрешить себя от бремени последствий, неизбежно навлекаемых отношениями (от зародившейся жизни до требования верности). И вновь, как столько уже раз в истории, человек желает стать богом и вкусить запретного плода древа познания добра и зла, дабы подогнать действительность под свои прихоти, извратив даже порядок, в котором Бог в своей мудрости устроил нас на земле – порядок, который не уничтожает нашу свободу, а делает её возможной, хоть порой и кажется, что он её ограничивает: как послушание, которое несовершеннолетний должен проявлять к своему отцу, несущему, в свой черёд, обязательство ответственности за сына. Это правда, что этот порядок испытал тлетворное влияние греха, почему даже сами семейные отношения часто обращаются в отношения власти, подчинения, манипуляции, насилия… Но Рождество Христа в лоне семьи наконец исцеляет эти хвори, оставившие изъян на реальности семьи и самого человека. Второе чтение сегодняшней литургии (и иные параллельные тексты, особенно Эф 5, 21 – 6, 4) может создать впечатление, что св. ап. Павел воспроизводит эти отношения подчинения. Однако читая без предубеждений и между строк, мы понимаем, что там говорится о подчинении взаимном, а потому свободном и, кроме того, принимаемом на себя из чистой любви, подобной той, что Бог питает к человечеству, той, что Христос питает к Церкви. И в этом случае текст не оставляет лазейки, куда прокралось бы «патриархальное» подчинение, потому что там, где члены семьи, оставаясь тем, чем они есть (супругами, родителями, детьми, братьями и сёстрами), готовы отдать друг за друга жизнь, там семья в корне исцеляется, преображается Евангелием, обращается в настоящую, открытую общину, школу истинной человечности, находящей в каждом человеке ближнего, родича, брата или сестру, под единым отцовством Бога.

Созерцая сегодня Младенца Иисуса в лоне человеческой семьи, Святого Семейства (а сама суть семьи священна), мы хотим показать в нём замысел любви, который Бог питает для каждого из нас, который необходимо связан с нашей семейной реальностью: быть благодарными за наших родителей, какими бы они ни были, за наших братьев и сестёр, за всех остальных наших родственников. Также и мужу нужно быть благодарными за жену, а жене – за мужа, и им обоим – за детей. Мы должны сегодня просить об укреплении семейных уз, основанных на взаимной любви – той, что нас научил Христос, способной принять на себя ответственность, обретающей свою высшее проявление в готовности отдать жизнь за других (но никогда – в покушении на право располагать их жизнью). От этих уз зависит в немалой степени, будет ли общество здоровым и есть ли у него будущее. Осознавая, что Иисус родился в некой определённой семье не для того, чтобы навсегда остаться в ней, а чтобы собрать нас всех в одну большую семью детей Божьих, мы не можем не чувствовать себя членами этой семьи, ради которой ни один человек для нас не чужой, не посторонний. Ведь в нём мы можем обрести брата, благодаря Сыну Божьему, который, родившись, стал сыном человеческим.

Перевод: Денис Малов cmf

Domingo de la octava de navidad (A) La sagrada familia: Jesús, María y José

diciembre 28, 2019

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14 El que teme al Señor honra a sus padres

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Sal 127, 1-2. 3. 4-5 R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21 La vida de familia vivida en el Señor

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23 Coge al niño y a su madre y huye a Egipto

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: -«Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: -«Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

 

Toma al niño

La luz brilla en la tiniebla, la Palabra se hizo carne. Deslumbrados por la luz de la natividad de Jesús en medio de la noche de nuestro mundo, nuestros ojos han quedado prendados por este foco de luz y han contemplado al Niño. Pero, en cuanto nuestras pupilas se han acostumbrado han ido vislumbrando también los detalles que habían quedado en la penumbra a causa de ese resplandor. Junto al niño Jesús descubrimos a María y a José, personajes sin los cuales esta presencia no hubiera sido posible. Y es que el Verbo se ha hecho hombre, carne humana, pero ser hombre es en su misma entraña entrar en relación. “El hombre” así, en general, es una pura abstracción. No existe el individuo humano como tal, sino la persona, ciertamente única, insustituible, pero anudada también a toda una red de relaciones: ser hombre significa necesariamente ser hijo, hermano, amigo, vecino, de un modo u otro, padre o madre.

Si el Hijo del Eterno Padre, el Verbo de Dios, se ha hecho hijo del hombre, carne como la nuestra, es que el hombre, cada hombre, está dotado de un valor infinito. Pero este valor y dignidad infinitos están vertidos en vasijas de barro y afectados por una enorme fragilidad. Basta pensar en la indefensión total con la que nace la criatura humana, mucho mayor que la que se da en las crías de cualquier otra especie animal. Múltiples peligros amenazan la viabilidad del niño recién nacido, también del que está todavía en trance de nacer. Dios se ha hecho hombre, es decir, ha empezado por hacerse embrión y, después, niño, vulnerable, indefenso, por completo dependiente, menesteroso en todos los sentidos, necesitado de todos los cuidados. El evangelio de Mateo hoy subraya e insiste en este aspecto: describe las amenazas de muerte que rodean al niño nada más nacer y hacen de él un fugitivo, un desplazado, emigrante y extranjero. Mateo describe en detalle lo que Juan expresa con laconismo: vino a su casa y los suyos no lo recibieron.

El valor infinito del ser humano, que Jesús ha revelado con su nacimiento, necesita ser protegido de los peligros que lo acechan por doquier, del riesgo implicado en asumir la carne humana y su vulnerabilidad. El primer cofre que protege este valor a la vez infinito y frágil del ser humano es un vientre de mujer, y el segundo es la familia. También es así en Jesús. Al hacerse hombre se convierte primero en hijo, en miembro de una familia. Es ella la que acoge (ya al engendrarla) la vida humana incipiente, la que la hace viable, la alimenta y le da crecimiento. Para poder llegar a ser sí mismo con independencia, hay que ser primero dependiente; el que quiera hacer una aportación propia a la sociedad y a la historia (por pequeña que pueda parecer), ha de recibir primero de otros todo lo necesario para vivir (primero la sangre que le llega por el cordón umbilical, después el calor de un regazo, el alimento, el vestido, la educación); para alcanzar la seguridad en sí mismo, es necesario haber hecho la experiencia de la confianza que ofrece la seguridad familiar; para, por fin, poder tratar a los demás de igual a igual, es imprescindible haber sentido sobre sí la única desigualdad que no ofende nuestra dignidad, pues ha sido como la providencia benéfica que ha remediado nuestra inicial indefensión.

También ha sido así en Jesús. El Verbo de Dios hecho hombre, el niño Jesús, aparece ante nuestra mirada en los brazos de María, y ante los múltiples peligros y amenazas que lo acechan desde su mismo nacimiento, la protección providencial que recibe de lo alto no se distingue de la que reciben (o deben recibir) el resto de los mortales: los cuidados de su madre, los trabajos, desvelos y decisiones de su padre humano, que Mateo dibuja hoy con concisión y maestría.

Seguimos contemplando al niño Jesús, pero lo hacemos mirando al cuadro completo de la Sagrada Familia. Se trata, es verdad, de una familia del todo particular, y por eso la llamamos “sagrada”: María, la mujer inmaculada, Virgen y Madre; José, varón justo, que en la visión bíblica significa agradable a Dios; Jesús, el hijo eterno del Eterno Padre. Pero del mismo modo que la encarnación de Jesús, su hacerse hombre, conlleva la afirmación del valor y dignidad del hombre, de todo hombre sin excepción, también al descubrir a Jesús como miembro de la Sagrada Familia, comprendemos que la familia como tal es una realidad sagrada, creada y querida por Dios. Es la providencia que hace viable la vida humana, la de cada uno de nosotros, el ámbito en el que, en una relación positiva de amor, de dependencia, obediencia y respeto, crece y se fortalece la libertad, la responsabilidad, la confianza, los ingredientes todos que hacen posible vivir después una vida propia con sentido. Pero no debemos entender la familia como un remedio provisional de la menesterosidad de la primera fase de la vida humana. Esta queda sellada profundamente y para siempre por esos lazos familiares iniciales. Aunque, al adquirir la independencia, el ser humano abandone el hogar familiar para fundar el propio y vivir su propio proyecto, ese abandono no puede entenderse como una ruptura. La dependencia inicial se convierte después en gratitud y también en responsabilidad y cuidado de los propios padres ya ancianos. Nunca dejamos de ser hijos, aunque la relación filial crezca, se desarrolle y se transforme a medida que vamos creciendo nosotros mismos. La realidad familiar nos habla realmente de que estamos llamados a la relación y al amor, y que esta relación y amor, siendo la vocación de seres libres, exigen de nosotros responsabilidad: somos responsables unos de otros y, en primer lugar, los padres, responsables de sus hijos, que dependen en gran y principal medida de aquellos para poder llegar a ser sí mismos.

Como la vida humana en general, como la vida incipiente del niño Jesús, también la realidad sagrada de la familia se encuentra sometida a múltiples amenazas. En nuestros días, tal vez el peligro más fuerte proceda de una libertad entendida y proclamada como irresponsabilidad, es decir, como desvinculación. Queremos ser libres, y no responder de ello ante nada y ante nadie. Entendemos con frecuencia esta libertad como pura emancipación, ausencia de vínculos y de compromisos que anudan nuestra vida, pero que, precisamente, le dan contenido. La libertad entendida como pura voluntad subjetiva (como capricho) se proyecta en relaciones provisionales, inestables, que considera posible desembarazarse sin más de las consecuencias que, inevitablemente, la relación lleva consigo (desde la vida engendrada, hasta la exigencia de fidelidad). Una vez más, como tantas en la historia, el hombre quiere hacerse dios y comer de la fruta prohibida del árbol de la ciencia del bien y del mal, para conformar la realidad a su antojo, trastocando incluso el orden con el que Dios, sabiamente, nos ha puesto en la tierra. Un orden que no destruye nuestra libertad sino que, aunque a veces parece limitarla, en realidad la hace posible, como la obediencia que el menor de edad debe a su padre, obligado a su vez por la responsabilidad hacia su hijo. Es verdad que ese orden ha sido afectado negativamente por el pecado, de manera que las mismas relaciones familiares se convierten con frecuencia en relaciones de dominio, sometimiento, manipulación, violencia… Pero el nacimiento de Jesús en el seno de una familia ha venido a sanar esas enfermedades que vician la realidad familiar y la misma realidad humana. Al leer la segunda lectura (y otros textos paralelos, especialmente Ef 5, 21-6, 4) puede producirse la sensación de que Pablo reproduce esas relaciones de sometimiento. Pero si aprendemos a leer sin prejuicios y entre líneas, comprendemos que ahí se habla de un sometimiento mutuo y, por tanto, libre y además por puro amor, como el amor que Dios ha tenido a la humanidad, y el que Cristo tiene a la Iglesia. En este caso, no queda resquicio de un sometimiento “patriarcal”, porque allí donde los miembros de la familia, permaneciendo lo que son (esposos, padre y madre, hijos, hermanos), están dispuestos a dar la vida los unos por los otros, allí la familia queda sanada de raíz, que evangelizada y convertida en una verdadera comunidad, en una iglesia doméstica, imagen de la Sagrada Familia. Una familia así es una comunidad abierta y escuela de verdadera humanidad, que descubre en cada ser humano un prójimo, un familiar, un hermano y hermana, bajo la paternidad única de Dios.

Al mirar y contemplar hoy al niño Jesús en el seno de su familia humana, Familia Sagrada, porque sagrada es la realidad familiar, queremos descubrir en él el designio de amor que Dios tiene para con cada uno de nosotros, y que está ligado necesariamente a nuestra realidad familiar: dar las gracias por los padres que tenemos o hemos tenido, más allá de que hayan sido mejores o peores, también por nuestros hermanos y hermanas, por todo el resto de nuestros familiares. También los maridos deben dar gracias por sus mujeres, y las mujeres por su maridos, y juntos por sus hijos. Debemos hoy también pedir por el fortalecimiento de los vínculos familiares, basados en el amor mutuo, el amor que nos enseñó Cristo, que es capacidad de asumir responsabilidades y que culmina en la disposición a dar la vida por los demás (y nunca en el pretendido derecho de disponer de la vida de los demás); vínculos de los que depende en gran medida la salud y el futuro de la sociedad. Y, al comprender que Jesús nació en una familia concreta, pero no para quedarse en ella para siempre, sino para reunirnos a todos en la gran familia de los hijos de Dios, debemos sentirnos miembros de esa familia, por la que ningún ser humano es para nosotros “extraño”, ajeno, sino en el que podemos descubrir a un hermano nuestro, gracias al hijo de Dios que, al nacer, se ha hecho hijo del hombre.

Solemnidad de la Natividad del Señor

diciembre 25, 2019

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10 Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6 Dios nos ha hablado por el Hijo

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.»

Lectura del santo evangelio según san Juan 1. 1-18 La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra habla vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

 

Se hizo carne

Anoche contemplábamos junto con los pastores al niño recién nacido en Belén, en un pobre portal, en los brazos de María. Y al hacerlo, llenos de emoción, no pudimos no preguntarnos: ¿es posible que en este niño, débil, pobre e indefenso se haya hecho presente el mismo Dios? ¿Es que Dios puede realmente hacerse hombre? ¿Es verdad, en una palabra, que Jesús, el Cristo, sea verdaderamente Dios?

Las dudas que pudieron asaltarnos por la noche quiere disiparlas la Palabra de Dios en la luz del pleno día. Por eso, hoy, leemos el prólogo del Evangelio de Juan, que nos invita con osadía a dirigir nuestros ojos al sol, al misterio mismo de Dios.

El prólogo del Evangelio de Juan, que la Iglesia lee cada día de Navidad, es, en verdad, impresionante. No en vano se ha visto en el águila (el águila de Patmos) el símbolo de este evangelista, pues el águila es el único animal capaz de mirar al sol directamente. Juan pone ante nuestros ojos al Dios eterno, que es y existe desde siempre, y nos hace comprender que no es un monarca solitario y ensimismado, sino expresión, Palabra, tensión comunicativa. Juan nos habla de un Dios lleno de fuerza y de poder, pero de un poder positivo, creador, luminoso, que disipa las tinieblas de la nada, que, como dice también la carta a los Hebreos, sostiene al universo con su palabra poderosa, y al establecer el ser de todo por medio de esa Palabra eterna se comunica, se ofrece y busca entablar un diálogo.

El despliegue de poder divino nos lo presenta Juan en consciente contraste con el poder tal como lo entendemos nosotros: el poder o los poderes del mundo. En este mundo ser poderoso significa ante todo tener la capacidad de imponerse, amenazar y destruir, en último término, de matar. Por eso, el poder es, al mismo tiempo, algo deseado y odiado: deseado para sí, pero odiado cuando lo tienen otros. Hay un tono inevitable de oscuridad en estos poderes mundanos, por más que no estemos irremediablemente condenados a usarlos sólo para el mal. Pero, y esta es la cuestión, si de verdad eres poderoso, es necesario que se sepa que puedes, si quieres, arremeter destructivamente.

Nada de esto encontramos en la Omnipotencia divina que nos revela Juan, junto a la cual, desde el principio (es decir, de manera esencial, radical, originaria e inseparable) está la Palabra creadora de todo y, por lo tanto, destructiva de nada. Dios manifiesta paradójicamente su poder ilimitado y creador en la capacidad de despojarse, en el movimiento de abajarse, de ponerse a nuestro nivel, de ofrecerse y proponer un diálogo: es el poder del amor puro. Dios está empeñado en conversar con nosotros, lo ha intentado “en distintas ocasiones y de muchas maneras”. Por fin, ha hablado de manera clara y directa, mandándonos no misivas y emisarios, sino a su propio Hijo, su Palabra misma. Al asumir nuestra carne, nuestra concreción humana, que es también nuestra limitación, Dios se hace definitivamente cercano y accesible, pero también se hace débil y vulnerable. Dios asume riesgos para acercarse a nosotros humanamente, y nos ofrece un diálogo al que podemos responder sólo libremente: aceptando o rechazando. Podemos (este es nuestro poder) acoger o rechazar, abrir las puertas o expulsar de nuestro territorio al Dios que viene con la mano tendida.

Muchos son los signos que dicen que, pese a venir a “los suyos”, éstos no lo han recibido, no lo reciben, lo rechazan y expulsan. Así fue en tiempos de Jesús, así ha sido de múltiples formas a lo largo de la historia, así está siendo también en nuestros días, en que con mil excusas, con buenas palabras (políticamente correctas) o, también, con malos modos y violencia, no se quiere escuchar esta Palabra, no se quiere aceptar esta mano de carne, no se quiere ver esta luz. Preferimos nuestro poder aparente, poder destructivo y oscuro, que nos ofrece una seguridad engañosa pero que nos evita riesgos.

La Palabra poderosa por la que todo fue hecho se ha hecho niño, rostro, uno de los nuestros, se ha hecho carne, carne débil y trémula, aterida, hambrienta, necesitada de unos brazos que la acojan (los brazos de María, pero que también pueden ser los nuestros), y amenazada por manos que quieren acallarla y suprimirla; Dios ha sometido así su poder benéfico al riesgo de los poderes oscuros de este mundo. Sin embargo, la Palabra no se ha hecho carne en balde. Aunque encarnado, limitado, vulnerable y en situación de riesgo, el poder de Dios no deja de ser un poder real, positivo, creador, luminoso, comunicativo. Encuentra también eco, acogida y aceptación. Los que ven esta luz, tocan esta carne y escuchan esta Palabra se encuentran participando del poder mismo de Dios: no de un poder político, económico o militar, sino de ese poder propio de la Palabra por medio de la cual todo se ha hecho: es el poder de ser hijos de Dios en el Hijo Jesucristo, Palabra encarnada. Es un poder que nos purifica, nos renueva por dentro, nos devuelve la dignidad con la que Dios, en el principio creo todo muy bien, muy bueno, y que nosotros hemos debilitado y manchado por el pecado. Los que hemos recibido este poder por la fe y el bautismo adquirimos la capacidad, ni más ni menos, de actuar como el mismo Dios, con su mismo poder: la capacidad de inclinarnos ante el necesitado, de abajarnos sin violencia, de ir al encuentro y establecer un diálogo, de dar vida, dando la propia vida, de asumir riesgos sin temor a las consecuencias. Los que acogen esta Palabra hecha carne participan del poder creador de Dios que es el Amor, y por eso no se aíslan de los demás, sino que al contrario, se ponen en pie y van al encuentro de todos para hacerles partícipes de la gran noticia, realizando en sí la luminosa profecía de Isaías: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva”.

Ayer noche contemplábamos a un niño que es Dios; hoy contemplamos a un Dios que se hace niño (y nos hace niños, hijos suyos). Tal vez sea verdad lo que ha dicho un autor contemporáneo (Joseph Malégue): “hoy lo difícil no es aceptar que Cristo sea Dios; lo difícil sería aceptar a Dios si no fuera Cristo”.

 

4 воскресенье Адвента (А)

diciembre 20, 2019

Чтение книги пророка Исаии 7, 10-14; 8, 10с

В те дни: Господь сказал Ахазу: проси себе знамения у Господа, Бога твоего; проси или в глубине, или на высоте. И сказал Ахаз: не буду просить и не буду искушать Господа. Тогда сказал Исаия: слушайте же, дом Давидов! разве мало для вас затруднять людей, что вы хотите затруднять и Бога моего? Итак Сам Господь даст вам знамение: се, Дева во чреве приимет, и родит Сына, и нарекут имя Ему: Еммануил, что значит: с нами Бог.

ОТВЕТНЫЙ ПСАЛОМ Пс 24 Припев: Войдёт Господь наш, Он — Царь всей вселенной.

Чтение Послания святого Апостола Павла к Римлянам 1, 1-7

Павел, раб Иисуса Христа, призванный Апостол, избранный к благовестию Божию, которое Бог прежде обещал через пророков Своих, в святых писаниях, о Сыне Своём, Который родился от семени Давидова по плоти и открылся Сыном Божиим в силе, по духу святыни, через воскресение из мёртвых, о Иисусе Христе Господе нашем, через Которого мы получили благодать и апостольство, чтобы во имя Его покорять вере все народы, между которыми находитесь и вы, призванные Иисусом Христом, — всем находящимся в Риме возлюбленным Божиим, призванным святым: благодать вам и мир от Бога, Отца нашего, и Господа Иисуса Христа.

+ Чтение святого Евангелия от Матфея 1, 18-24

Рождество Иисуса Христа было так: по обручении Матери Его Марии с Иосифом, прежде нежели сочетались они, оказалось, что Она имеет во чреве от Духа Святого. Иосиф же муж Её, будучи праведен и не желая огласить Её, хотел тайно отпустить Её. Но когда он помыслил это, — се, Ангел Господень явился ему во сне и сказал: Иосиф, сын Давидов! не бойся принять Марию, жену твою; ибо родившееся в Ней есть от Духа Святого. Родит же Сына, и наречёшь Ему имя: Иисус; ибо Он спасёт людей Своих от грехов их. А всё сие произошло, да сбудется сказанное Господом через пророка, который говорит: «Се, Дева во чреве приимет, и родит Сына, и нарекут имя Ему: Еммануил, что значит: с нами Бог». Встав от сна, Иосиф поступил, как повелел ему Ангел Господень, и принял жену свою.

 

Необходимые соработники

 

Последняя неделя Адвента от надежд переходит к делу, от обещаний (даже самых незамедлительных, как у Иоанна Крестителя) – к исполнению. За несколько дней до великого праздника Евангелие объявляет: «Рождество Иисуса Христа было так». И появляются на сцене персонажи, которые уже не возвещают, не обещают и не подготавливают, но принимают участие как главные действующие лица сего появления на свет. Это, прежде всего, Мария, Его мать, но также и Иосиф, её обручник, столкнувшийся с тем, что ещё до того как они стали жить вместе, Мария «имеет во чреве от Духа Святого».

Упоминанием Святого Духа уже всё сказано: Бог явил своё присутствие. Его присутствие не подавляет, ведь оно являет себя в столь обыденной и, в то же время, столь необыкновенной действительности как роженица, в чьём лоне расцветает жизнь. Несмотря на обыденность и простоту, в коих является Бог, присутствие Его в нашей жизни всегда волнительно. Это волнение пред нежданным и таинственным, крушащим все наши умопостроения, этот «страх Божий» может быть очень разного качества. Сегодня Слово Божие ясно это показывает – в ярком контрасте между поведением Ахаза в пророческом тексте Исайи и поведением св. Иосифа в Евангелии, где Матфей описывает исполнение оного пророчества.

Первый род страха представлен у Ахаза, неправедного царя. Это боязнь. Явление Бога, даже в сей необычной, но скромной и, по всей видимости, безобидной форме (дева на сносях, родящая сына), осложняет нам жизнь, мы ощущаем её как угрозу, как неположенное вторжение на нашу территорию, и предпочитаем, чтобы Бог держался подальше, прочь от нашей жизни, чтобы не требовал от нас выставлять себя напоказ – а то глядишь, обнаружатся наши грехи и станут под вопрос наши замыслы, от коих отказаться мы не готовы. Бог желает явить себя, мы же, подобно Ахазу, ищем и находим поводы избегать Его, может даже быть, весьма благозвучные, почти что благочестивые («не буду искушать Господа»), но которые, по сути, скрывают отказ от близости Бога, Эммануила, Бога-с-нами. И такой отказ, и поводы к нему – не более чем стратегии, которыми мы тщимся помешать и воспрепятствовать Божьему замыслу, продвигающемуся, невзирая ни на что, вперёд.

Движется же он вперёд не оттого, что Бог насильно к нему принуждает, а оттого, что ищет и находит благорасположенных людей, отдающих себя в распоряжение этого замысла и соработничающих с ним. Такова благорасположенность Марии, её «fiat» («да будет» – лат.), как нам о том повествует Лука. Матфей же, со своей стороны, обращает внимание на Иосифа, ещё одного необходимого соработника. В нём мы находим сегодня олицетворение ещё одной формы страха Божия, состоящей не в боязни, но в почтении. В таинственной беременности Марии Иосиф обнаруживает перст Божий; будучи же праведен, решает почтительно удалиться, отрекшись от своих прав. Бог, однако, приходит не соперничать с человеком, но встретиться с ним; Бог, приходя к человеку, не рушит человеческие отношения и связи, хотя порой, как в сегодняшнем случае, он и преображает их, придавая им новое, более полное значение. Посему почтительный трепет Иосифа, по первом порыве удалиться, раскрывает ему, что обручение с Марией связует его с замыслом Божиим. Это становится ему ясно во сне. Здесь нельзя не вспомнить иного Иосифа, прозванного братьями «сновидцем» (ср. Быт 37, 19). Иосиф тоже получает особое озарение посредством сна. Но в отличие от снов сына Иаковлева, ставивших его в привилегированное, главенствующее положение над братьями, в случае Иосифа (чьего отца тоже звали Иаковом: ср. Мф 1, 16), сны делают из него служителя находящихся в центре: Марии и Плода чрева её, которых он должен принять и беречь. В этом и ему тоже дарована привилегия, но его привилегия – служение.

Ибо Иосиф – не мечтатель. Воспринятое им во сне сподвигает его принимать трудные и рискованные решения: отказаться от собственных замыслов во служение замыслам Божьим. Мечта обращается готовностью к соработничеству. Иосиф, таким образом, открывает себя новому, нежданному: слушание переходит в послушание, что нельзя понять иначе, нежели как акт свободы. Именно так открываются перед Иосифом новые перспективы, он обретает новый род отцовства: не биологического, но и не просто, как порой говорится, юридического. Иосиф берёт к себе Марию, носительницу дивного знака присутствия Божия, берёт к себе и Сына Марии и нарекает Ему имя (что, на самом деле, и делает из него юридического отца). Но, поступая так, он принимает Самого Бога, делая возможным исполнение давидова обетования и дела спасения. Есть в духе соработничества Иосифа такая плодоносность, что достигает всего человечества, продолжаясь в апостольской миссии Церкви, провозглашающей ныне как и прежде Евангелие, Благую весть Иисуса Христа, «Который родился от семени Давида по плоти»; плодоносность, что достигает и вовлекает каждого из нас.

Скоро родится Христос. Это не просто воспоминание о случившемся чуть более двух тысяч лет назад. Христу угодно вновь и вновь рождаться, становиться «Богом-с-нами», близким многим ничего о Нём не знающим. Знаки Его присутствия обыденны, но вместе с тем необычны: зарождающаяся жизнь, омывающая нас вода, преломлённый хлеб, братство, в кое мы, прежде ему чуждые, сподобились войти. Св. Иосиф для нас сегодняшних – это учитель праведности, образец того, как отвечать на желание Бога родиться среди нас. Прежде всего, нужно нам избегать быть подобными Ахазу, что ищет поводов и полагает препятствия, не желая видеть знаки и стараясь помешать Богоявлению. Во-вторых, быть способными, как св. Иосиф, обнаружить необычайное присутствие Божие в обыденном и повседневном, истолковать сны, рекущие нам о доверии и радушном принятии. Это означает быть открытыми к слушанию и готовыми к послушанию. У принятия, о котором мы толкуем, есть несколько фронтов. Прежде всего, это принятие жизни, встречающей в наши дни угрозы, отвержение, препятствия, иногда выраженными, как в случае Ахаза, весьма благозвучными словами (с претензией на «права»), но скрывающими патологический страх ответственности, риска, щедрости. Также, поскольку речь идёт о рождестве Христа, принятие Церкви, возвещающей Тайну. Иосиф, муж праведный, сумел различить присутствие Бога в необъяснимой беременности своей невесты и принял Марию, для прочих находившуюся под подозрением. Под подозрением сегодня и Церковь. В отличие от Марии, Непорочно Зачатой, у Церкви много пятен – это так. Но от этого она не перестаёт быть носительницей таинства Христа, возвестительницей близкого присутствия Бога-с-нами и распределительницей разнообразных средств благодати (Слово, таинства, дела любви и милосердия миллионов своих членов). Грехи некоторых, повторённые и изъезженные до тошноты, не должны делать нас слепыми для святости, которой она, вопреки всему, чревата «от Духа Святого». Принять Церковь в вере, как Иосиф принял Марию, означает обратиться в «необходимого соработника» замысла Божия и, как говорит Павел, принять дар и миссию сделать для Христа возможным снова рождаться, чтобы все язычники – все люди – ответили на веру, во славу имени Его.

Перевод: Денис Малов cmf

 

 

 

Domingo 4 de Adviento (A)

diciembre 18, 2019

Lectura del libro de Isaías 7,10-14 Mirad: la virgen está encinta

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: –«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: – «No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: – «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»

Sal 23, 1-2 3-4ab. 5-6. R. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7 Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 18-24 Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: –«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Cooperadores necesarios 

La última semana de Adviento pasa de las esperanzas a los hechos, de las promesas (incluso de las muy inminentes, como las de Juan Bautista), a los cumplimientos. A pocos días de la gran fiesta el Evangelio nos avisa: “el nacimiento de Jesucristo fue de esta manera”. Y entran en escena personajes que ya no anuncian, prometen o preparan, sino que intervienen como actores principales de ese nacimiento. Ante todo, María, la madre, pero también José, su esposo, que se encontró con que, antes de vivir juntos, María “esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”.

El principio de la sabiduría es el temor del Señor (Sal 111)

La alusión al Espíritu Santo lo dice todo: Dios se ha hecho presente. No es una presencia avasalladora, pues se manifiesta en la realidad, tan cotidiana y, al mismo tiempo, tan extraordinaria de una mujer embarazada, en cuyo seno florece la vida. A pesar de la cotidianidad y humildad con que se presenta, esta presencia de Dios en nuestra vida es siempre algo inquietante. Esa inquietud ante lo inesperado y misterioso y que, además, nos rompe los esquemas, el “temor de Dios”, puede ser de calidad muy distinta. La Palabra de Dios lo presenta hoy con claridad, en el extremo contraste que se da entre las actitudes de Acaz, en el texto profético de Isaías, y de José, en el Evangelio en el que Mateo presenta el cumplimiento de aquella profecía.

La primera forma de temor la representa Acaz, el rey inicuo, y es el miedo. La manifestación de Dios, incluso en esa forma humilde y extraordinaria pero aparentemente inofensiva (la virgen encinta que da a luz un hijo), nos complica la vida, la sentimos como amenaza, como una invasión indebida de nuestro territorio, y preferimos que Dios esté lejos, fuera de nuestra vida, que no nos exija exponernos ante Él, pues puede poner al descubierto nuestros pecados y poner en cuestión los planes a los que no estamos dispuestos a renunciar. Dios desea manifestarse, pero nosotros, como Acaz, buscamos y encontramos excusas para evitarlo, excusas que pueden incluso sonar muy bien, excusas casi piadosas (“no quiero tentar al Señor”), pero que, en el fondo, esconden el rechazo de la cercanía de Dios, del Emmanuel, del Dios con nosotros. Rechazo y excusas que no son más que estrategias que tratan de estorbar e impedir el plan de Dios, que, pese a todo, va adelante.

Pero no es que vaya adelante porque Dios se imponga con violencia, sino porque busca y encuentra a gentes bien dispuestas, que se ponen a disposición de ese plan y cooperan con él. Es la disposición de María, su “fiat”, como lo relata Lucas. Mateo, por su parte, fija su atención en José, otro colaborador necesario. En José encontramos hoy personificada la otra forma de temor de Dios, que no consiste en el miedo, sino en el respeto. José descubre en el misterioso embarazo de María el dedo de Dios, y, porque es justo, decide retirarse respetuosamente, renunciando a sus derechos. Pero Dios no viene a rivalizar con el hombre, sino a encontrarse con él; Dios no se acerca al hombre destruyendo los vínculos y las relaciones humanas, aunque a veces, como en el caso de hoy, las transforma y les da un significado nuevo y más pleno. Por eso, el temor respetuoso de José, tras ese primer movimiento de retirada, descubre que su desposorio con María lo vincula con el plan de Dios. Lo descubre en un sueño. No podemos no recordar a aquel otro José, llamado por sus hermanos “el soñador” (cf. Gn 37, 19). También José recibe luces especiales por medio del sueño. Pero, a diferencia de los sueños del hijo de Jacob, que lo ponen en una posición de privilegio y superioridad sobre sus hermanos, en el caso de José (cuyo padre también se llamaba Jacob: cf. Mt 1, 16), el sueño hace de él un servidor de los que están en el centro: María y el fruto de su vientre, a los que debe acoger y proteger. También es un privilegiado, pero es el privilegio del servicio.

Y es que José no es un soñador; lo que comprende en el sueño le lleva a tomar decisiones difíciles y arriesgadas: renunciar a sus propios planes, para ponerse al servicio del plan de Dios. El sueño se convierte en disposición a la cooperación. José, así, se abre a lo nuevo e inesperado: el “audire” (escuchar) se traduce en un “oboedire” (obedecir), que no puede entenderse más que como un acto de libertad. De esta forma se le abren a José perspectivas nuevas, adquiere una nueva forma de paternidad, no biológica, pero tampoco, como a veces se dice, meramente legal. José acoge a María, portadora del signo prodigioso de la presencia de Dios, acoge también al hijo de María y le da un nombre (que, en efecto, lo constituye en padre legal); pero, al actuar así, está acogiendo al mismo Dios, haciendo posible la realización de la promesa davídica y la obra de la salvación. Hay en la actitud cooperante de José una fecundidad que alcanza a la humanidad entera y que se prolonga en la misión apostólica de la Iglesia, que sigue anunciando el Evangelio, la Buena noticia de Jesucristo, “nacido, según la carne, de la estirpe de David” y que nos alcanza e incluye también a todos nosotros.

Jesús va a nacer. No se trata sólo del recuerdo de lo que sucedió hace algo más de dos mil años. Jesús quiere seguir naciendo, haciéndose “Dios con nosotros”, cercano de muchos que no saben nada de él. Los signos de su presencia son cotidianos y, a la vez, extraordinarios: la vida que nace, el agua que nos limpia, el pan que compartimos, la fraternidad en la que nos incluimos los que antes éramos extraños. José es para nosotros hoy un maestro de justicia, un modelo de cómo reaccionar a esa voluntad de Dios de nacer entre nosotros. Ante todo, hemos de evitar ser como Acaz, que busca excusas y pone obstáculos, no quiere ver los signos y trata de impedir la presencia. En segundo lugar, ser capaces, como José, de descubrir la extraordinaria presencia de Dios en lo ordinario y cotidiano y entender los sueños que nos hablan de confianza, acogida y aceptación. Esto significa estar abiertos a la escucha y dispuestos a la obediencia. La acogida de la que hablamos tiene varios frentes. Ante todo, la acogida de la vida, de tantas formas amenazada, rechazada e impedida en nuestros días, a veces, como en el caso de Acaz, con palabras que suenan muy bien (pretendidos “derechos”), pero que esconden el miedo patológico a la responsabilidad, al riesgo, a la generosidad. También, puesto que se trata del nacimiento de Cristo, la acogida de la Iglesia, que anuncia el misterio. José, varón justo, supo percibir la presencia de Dios en el inexplicable embarazo de su prometida, y acogió a María, que para otros estaba bajo sospecha. También hoy la Iglesia está bajo sospecha. A diferencia de María Inmaculada, la Iglesia tiene manchas, es cierto, pero no deja de ser la portadora del misterio de Cristo, la anunciadora de la presencia cercana del Dios con nosotros y la dispensadora de los múltiples medios de gracia (la Palabra, los sacramentos, las obras de caridad de millones de sus miembros). Los pecados de algunos, repetidos y aireados hasta la náusea, no deben cegarnos para la santidad de la que, pese a todo, también está grávida “por obra del Espíritu Santo”. Acoger a la Iglesia en fe, como José acogió a María, significa convertirse en “cooperador necesario” del plan de Dios y, como dice Pablo, aceptar el don y la misión de hacer posible que Jesús siga naciendo, para que todos los gentiles, todos los seres humanos, respondan a la fe, para gloria de su nombre.

3 воскресенье Адвента (А)

diciembre 14, 2019

Чтение книги пророка Исаии 35, 1-6a. 10

Возвеселится пустыня и сухая земля, и возрадуется страна необитаемая и расцветёт как нарцисс; великолепно будет цвести и радоваться, будет торжествовать и ликовать; слава Ливана дастся ей, великолепие Кармила и Сарона; они увидят славу Господа, величие Бога нашего. Укрепите ослабевшие руки и утвердите колени дрожащие. Скажите робким душою: будьте тверды, не бойтесь; вот Бог ваш, придёт отмщение, воздаяние Божие; Он придёт и спасёт вас. Тогда откроются глаза слепых, и уши глухих отверзутся. Тогда хромой вскочит, как олень, и язык немого будет петь. И возвратятся избавленные Господом, придут на Сион с радостным восклицанием; и радость вечная будет над головою их; они найдут радость и веселье, а печаль и воздыхание удалятся.

ОТВЕТНЫЙ ПСАЛОМ Пс 146 Припев: Приди, о Боже, и спаси народ Твой.

Чтение Послания святого Апостола Иакова 5, 7-10

Итак, братия, будьте долготерпеливы до пришествия Господня. Вот, земледелец ждёт драгоценного плода от земли и для него терпит долго, пока получит дождь ранний или поздний. Долготерпите и вы, укрепите сердца ваши; потому что пришествие Господне приближается. Не сетуйте, братия, друг на друга, чтобы не быть осуждёнными: вот, Судия стоит у дверей. В пример злострадания и долготерпения возьмите, братия мои, пророков, которые говорили именем Господним.

+ Чтение святого Евангелия от Матфея 11, 2-11

В то время: Иоанн, услышав в темнице о делах Христовых, послал двоих из учеников своих сказать Ему: Ты ли Тот, Который должен прийти, или ожидать нам другого? И сказал им Иисус в ответ: пойдите, скажите Иоанну, что слышите и видите: слепые прозревают и хромые ходят, прокажённые очищаются и глухие слышат, мёртвые воскресают и нищие благовествуют. И блажен, кто не соблазнится о Мне. Когда же они пошли, Иисус начал говорить народу об Иоанне: что смотреть ходили вы в пустыню? тростник ли, ветром колеблемый? Что же смотреть ходили вы? человека ли, одетого в мягкие одежды? Носящие мягкие одежды находятся в чертогах царских. Что же смотреть ходили вы? пророка? Да, говорю вам, и больше пророка. Ибо он тот, о котором написано: «се, Я посылаю Ангела Моего пред лицом Твоим, который приготовит путь Твой пред Тобою». Истинно говорю вам: из рождённых жёнами не восставал больший Иоанна Крестителя; но меньший в Царстве Небесном больше его.

 

Не нужно больше ждать 

Третье воскресенье Адвента – это призыв к радости о близости Рождества, вот почему по обычаю оно зовётся Gaudete – «Радуйтесь». В России, когда начинают наступать холода, люди говорят, что «снегом запахло». В это воскресенье Адвента «запахло Рождеством», уже почти можно прикоснуться к рождению Христа. А как гласит пословица, «канун праздника лучше самого праздника», потому что мы уже начинаем заранее ощущать радость, которую тот с собой приносит. Главный персонаж, наполняющий собой всю сцену, это Иоанн Креститель, Предтеча. Он – пророк, возвещающий близость Христа. В этом проявляется его истинный характер пророка. Пророк – не тот, кто «предугадывает» будущее (гадалки и предсказатели были, на самом деле, запрещены в Израиле), а тот, кто способен обнаружить знаки присутствия Бога там, где остальные этого сделать не способны. Однако пророк открывает глаза остальным; он не оставляет свою прозорливость только для себя, а понимает, что оно дано ему для служения каждому.

По сравнению с предшествующим воскресеньем, здесь происходит интересное обращение перспективы. Неделю назад мы вместе с Иоанном устремляли взор в будущее, ожидая «грядущего», но ещё не явившегося. А в это воскресенье Иисус прерывает свой путь, чтобы взглянуть на Иоанна; провозглашённый, придя, отдаёт дань уважения предшественнику, Предтече. Много было напридумано и понаписано об отношениях между Иисусом и Иоанном. Был ли Иисус учеником Иоанна? Возможно, оба были связаны с движением ессеев? Также может быть, что Иоанн не знал прежде «того, кто сильнее его», что Иисус подошёл к Иорданскому пророку как очередной иудей среди многих приступавших по его зову ко крещению обращения. Но воистину несомненным кажется то, что некоторые ученики Иоанна обратились в учеников Иисуса, тогда как иные по-прежнему были связаны с тем пророком – всё ещё ветхозаветным, но уже указывающим на путь новозаветного, Которому он должен уступить дорогу.

Под конец, несмотря на его силу и любовь народа, Иоанна норовили подавить силы зла, поскольку он не только провозглашал пришествие Мессии, но и изобличал всё то, что противостояло Царствию Божию, как, например, самоуправство мелкого восточного царька-тирана, Ирода. Иоанн убывает, пока движение с Иисусом в центре идёт в рост. Так исполняется то, что он сам предрекал.

Но вот, Иоанна одолевают сомнения. Возможно, его, как и многих других иудеев того времени, шокирует мессианство Иисуса, не отвечая его ожиданиям, тому, что он себе воображал: мессианизму силы, кары грешникам, ниспровержения несправедливых властей… В тюрьме, бессильный, он посылает весть Иисусу. «Ты ли Тот, Который должен прийти, или ждать нам иного?» Изойдя из уст прежде сказавшего «Вот Агнец Божий», этот вопрос ужасает. Как это объяснить? Разве он не знал Иисуса? Разве он Его уже не признал?

Мы видим, что даже пророки, при всей своей прозорливости, именно потому, что они – люди веры, переживают процесс, не исключающий сомнений. Вопрос ужасен скорее второй своей частью, нежели первой. Всё ещё надеяться… Когда мы думали, что уже пришёл «Тот, Который должен был прийти», предмет наших ожиданий, наших чаяний… Быть всё ещё вынужденным ждать, когда уже забрезжил конец долгого ожидания, представляется ужасным подъёмом в гору. Если мы должны ожидать иного, опять открывается неопределённый горизонт, бездонное будущее, утомление от дороги, кажущейся бесконечной.

Такой опыт, вероятно, мучивший Иоанна сильнее плена, и нависшая над ним угроза смерти повторяются по-разному и в нашей жизни. В учёбе, в работе, в браке, в христианской жизни. Мы начинаем исполненными радости, исполненными чего-то большего, нежели просто надежда, ведь у нас есть ощущение, что мы нашли то, к чему стремились, предмет наших вожделений, человека, кем наполнилась бы наша жизнь, освещающую нас веру… А потом… Приходит рутина, разочарование, тоска. Не так я себе это представлял. Не ошибся ли я? Это ли мой путь или нужно искать иного? Кажется, будто наш взор затуманивается, и то, что раньше представлялось ясным и очевидным, становится затруднительным, тусклым.

Ответ Иисуса на вопрос Иоанна подходит и нам. Иисус становится пророком для пророка. На самом деле, его ответ – собрание цитат из пророческих текстов (прежде всего, Исайи), возвещающих присутствие Царствия Божия: слепые прозревают, хромые ходят, печаль обращается в радость, слабость – в силу, робость – в храбрость. Иоанн должен хорошо понять непрямой ответ Иисуса, говорящего не о Себе, а о том, что делает Бог посредством Его. Иисус приглашает Иоанна к участию в этой радости, предвозвещённой им самим. Хотя стиль Иисуса не совсем таков, как представлял себе Иоанн, полученный им ответ полностью поддерживает его служение. С одной стороны, в Иисусе исполняются пророческие речения; с другой – не тот же ли самый Иоанн возвестил, что придёт некто «сильнее его»? Так вот же, бо́льшая сила воплотилась, но не как насилие, угроза наказания или страх, а как милосердие, прощение и радость. Может быть, это случилось не так, как он себе представлял, но ясно, что в Иисусе пророчества находят исполнение. Бог всегда способен удивить нас, с лихвою превосходя наше воображение.

Как перенести всё это в нашу повседневную жизнь? Иисус говорит нам открыть глаза на добро, невзирая ни на что существующее вокруг нас: в том, что мы делаем, в людях, с которыми мы живём. В том, что у нас есть, доброго гораздо больше, чем мы порой замечаем, и ещё больше в нём неожиданных возможностей, требующих нашего доверия, стойкости и верности.

С другой стороны, Иисус признаёт огромную роль, сыгранную Иоанном. Несомненно, у Иисуса он был на превосходном счету. Мы можем себе представить удивление, которое похвала Иисуса Иоанну должна была произвести среди его слушателей: если из рождённых жёнами не восставал больший Иоанна Крестителя, то это означает, что Иоанн больше Авраама, Моисея, Давида. Весь иудейский религиозный мир, закон и пророки, мельчают пред этим последним пророком, который, несмотря на произведённое его появлением потрясение, не переставал быть в глазах современников персонажем более чем второстепенным, если брать историю Израиля в целом. Удивительная похвала Иисуса содержит, однако, глубокое христологическое содержание и лишь исходя из оного обретает всю полноту смысла: величие Иоанна состоит в том, что он привёл к финалу долгий путь, который со времён Ветхого Завета вёл к исполнению обетований.

Но с Иоанном завершаются мир и история, указующие, в виде обетований, на Христа, с Которым и в Котором воцаряется близость Царствия Божия. Иоанн – последний в истории спасения из рабов верных, подготовивших путь Мессии и сделавших, таким образом, возможным воцарение Нового Завета.

Наименьший в Царствии Небесном больше Иоанна. Любой из нас, даже не обладая статью Иоанна Крестителя, имеет возможность наслаждаться тем, что возвещали, так и не вкусив, Иоанн и вся религиозная традиция. У нас есть доступ к Исполняющему обетования: мы слушаем Его слово, мы садимся за один стол вместе с Ним.

Но истинно «меньший» в Царствии Небесном и больший Иоанна – это, на самом деле, Сам Иисус. Он мал потому, что Он – Сын. Новый Завет основан не на законе, но на сыновстве. И Он – Тот, о Ком Иоанн сказал: «Идёт за мной Тот, Кто больше меня».

Мы больше Иоанна настолько, насколько мы едины со Христом. Жить в Нём – это лучшая дань уважения, которую мы только можем отдать Иоанну (а у каждого из нас был в жизни свой Иоанн Креститель). Потому что мы – части осуществлённого пророчества, которыми Иисус подтверждает Иоанну, что Он – Мессия: мы – прозревшие слепые, ходящие хромые, слышащие глухие, нищие, которым возглашается благая весть. Блаженны мы, если не соблазнимся о Нём

Перевод: Денис Малов cmf

 

Tercer domingo de Adviento

diciembre 12, 2019

Lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10 Dios viene en persona y os salvará

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R. Ven, Señor, a salvarnos

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10 Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros, para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta. Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 2-11 ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: -«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: -«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí! » Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: -«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.” Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

 

No tenemos que seguir esperando

El tercer domingo de Adviento es una llamada a la alegría por la proximidad de la Navidad, de ahí que tradicionalmente se le llame domingo “Gaudete”, “alegraos”. En Rusia, cuando empieza a apretar el frío, hacia mediados o finales de octubre, la gente suele decir “huele a nieve”. En este Domingo de Adviento “huele a Navidad”, ya casi se toca el nacimiento de Jesús. Y, como dice el refrán, lo mejor de la fiesta es la víspera, porque ya empezamos a sentir anticipadamente la alegría que ésta trae consigo. El personaje principal que llena la escena es Juan el Bautista, el Precursor. Él es el profeta que anuncia la cercanía de Cristo. En esto se manifiesta su verdadero carácter de profeta. Profeta no es el que “adivina” el futuro (los adivinos, de hecho, estaban prohibidos en Israel), sino el que es capaz de descubrir los signos de la presencia de Dios allí donde los demás no son capaces de hacerlo. Pero el profeta abre los ojos a los demás, no se guarda para sí su clarividencia, sino que la sabe al servicio de todos.

Con respecto al domingo anterior se produce una interesante inversión de perspectiva. Hace una semana mirábamos con Juan hacia el futuro, hacia el que “tiene que venir”, pero que todavía no ha aparecido. En este Domingo Jesús se para a mirar a Juan; el anunciado, que ya ha venido, homenajea al precursor. Mucho se ha especulado y escrito sobre las relaciones entre Jesús y Juan. ¿Fue Jesús un discípulo de Juan, tal vez vinculados los dos al movimiento esenio? También puede ser que Juan no conociera previamente a ese “más grande” que él (cf. Jn 1, 33), y que Jesús se acercara al profeta del Jordán como un judío más entre los muchos que acudían a su llamada al bautismo de conversión. Lo que sí parece claro es que algunos discípulos de Juan se convirtieron en discípulos de Jesús, mientras que otros siguieron vinculados a este profeta todavía del Antiguo testamento, pero que señala ya el camino del nuevo, ante el que él tiene que ceder.

Al final, pese a su popularidad y su fuerza, Juan es aplastado por los poderes del mal, ya que él no sólo anuncia la venida del Mesías, sino que denuncia todo aquello que se opone al Reino de Dios, como es la arbitrariedad del tiranuelo local, Herodes. Juan decrece, mientras el movimiento en torno a Jesús va en aumento. Así se cumple lo que él mismo había profetizado.

Pero he aquí que a Juan le asaltan dudas. Posiblemente, como a tantos otros judíos de su tiempo, el mesianismo de Jesús le choca y no corresponde con sus expectativas, con lo que él se había imaginado: un mesianismo de fuerza, de castigo de los pecadores, de derrocamiento de los poderes injustos… En la cárcel, impotente, envía un mensaje a Jesús. “Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Una pregunta tremenda para el que había dicho “Este es el Cordero de Dios”. ¿Cómo se explica esto? ¿Es que acaso él no conocía a Jesús? ¿No lo había ya reconocido?

Vemos que incluso los profetas, pese a su clarividencia, y precisamente porque son hombres de fe, tienen un proceso que no excluye las dudas. La pregunta es tremenda más por la segunda parte que por la primera. Seguir esperando… cuando creíamos que ya había venido “el que había de venir”, el objeto de nuestra espera, de nuestra esperanza. Tener que seguir esperando se antoja una terrible cuesta arriba cuando se había vislumbrado el fin de la larga espera. Si tenemos que esperar a otro, de nuevo se abre el horizonte incierto, el futuro sin fondo, el cansancio de un camino que parece no tener fin.

Esta experiencia, que tal vez atormentaba a Juan más que la prisión y la amenaza de muerte que pesaba sobre él, se repite de muchas formas en nuestra vida. En el estudio, el trabajo, el matrimonio, la vida cristiana. Empezamos llenos de alegría, de algo que es más que esperanza, pues tenemos la sensación de que hemos encontrado aquello a lo que aspirábamos, el objeto de nuestros deseos, la persona que ha de colmar nuestra vida, la fe que nos ilumina… Y después… llega la rutina, las desilusiones, el tedio. No era esto lo que había imaginado. ¿No me habré equivocado? ¿Era este mi camino, o tendré que buscar otro? Parece que se nos nubla la mirada y lo que antes nos parecía claro y evidente se hace problemático y opaco.

La respuesta de Jesús a la pregunta de Juan también nos vale a nosotros. Jesús hace de profeta para el profeta. De hecho su respuesta es una cita de los textos proféticos, sobre todo de Isaías, que anuncian la presencia del Reino de Dios: los ciegos ven, los cojos andan, la tristeza se convierte en alegría, la debilidad en fuerza, la cobardía en valentía. Juan tiene que entender bien la respuesta indirecta de Jesús, que no habla de sí, sino de lo que Dios está haciendo por medio de Él. Jesús invita a Juan a participar de esa alegría que él mismo ha anunciado. Aunque el estilo de Jesús no es exactamente lo que Juan había imaginado, la respuesta que recibe es un pleno espaldarazo de su ministerio: por un lado los oráculos proféticos se realizan en Jesús. Por el otro, ¿no había anunciado el mismo Juan a uno “más grande que yo”? Pues esta grandeza mayor se realiza, pero no en la línea de la fuerza, la amenaza de castigo o el miedo, sino en la de la misericordia, el perdón y la alegría. Puede ser que no fuera como él se imaginaba, pero es claro que las profecías se están cumpliendo en Jesús. Y es que Dios siempre es capaz de sorprendernos y supera con creces nuestra imaginación.

¿Cómo traducir esto a nuestra vida cotidiana? Jesús nos dice a nosotros que abramos los ojos para el bien que, pese a todo, existe a nuestros alrededor, en lo que hacemos, en las personas con las que vivimos. En lo que tenemos hay mucho más bien de lo que a veces nos empeñamos en percibir, y hay muchas más posibilidades inesperadas que requieren de nuestra confianza, perseverancia y fidelidad.

Por otro lado, Jesús reconoce el gran papel que Juan ha realizado. Es claro que Jesús tenía a Juan en un altísimo concepto. Podemos imaginarnos la sorpresa que la alabanza de Jesús a Juan tuvo que causar entre sus oyentes: si no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, significa que Juan es más grande que Abraham, que Moisés, que David. Todo el universo religioso judío, la ley y los profetas, se quedaban pequeños ante ese postrer profeta que, pese a la conmoción que produjo su aparición, no dejaba de ser a los ojos de sus contemporáneos un personaje marginal en el conjunto de la historia de Israel. La sorprendente alabanza de Jesús contiene, sin embargo, un profundo contenido cristológico y sólo desde ella adquiere todo su sentido: la grandeza de Juan consiste en haber llevado hasta el final el largo camino que desde la antigua alianza conduce a la realización de las promesas.

Pero con Juan termina un mundo y una historia que, en forma de promesa, apuntan a Cristo, con y en quien se inaugura la cercanía del Reino de Dios. Juan es, en la historia de la salvación, el último de los siervos fieles que han preparado el camino al Mesías y han hecho así posible la inauguración de una nueva alianza.

El más pequeño en el reino de los cielos es más grande que Juan. Cualquiera de nosotros, sin tener la enorme estatura de Juan el Bautista, tiene la posibilidad de gozar de aquello que Juan y toda su tradición religiosa anunció sin llegar a disfrutar, tenemos acceso al que cumple la promesas: escuchamos su Palabra, nos sentamos con él a su mesa.

Pero el verdadero “pequeño” del Reino de los Cielos y más grande que Juan es, en realidad, el mismo Jesús. Es el pequeño porque es el Hijo. Y es que la nueva alianza no está basada en la ley sino en la filiación. Y Él es aquel del que Juan dijo que viene detrás de mí uno que es más grande que yo.

Nosotros somos más grandes que Juan en tanto en cuanto estamos unidos a Cristo. Vivir en Él es el mejor homenaje que podemos hacerle a Juan (y todos nosotros hemos tenido un Juan el Bautista en nuestra vida). Porque nosotros somos los objetos de la profecía realizada con que Jesús confirma a Juan que él es el Mesías: somos los ciegos que ven, los cojos que andan, los sordos que oyen, los pobres a los que se anuncia la buena noticia. Dichosos nosotros si no nos escandalizamos del Él.

 

2 воскресенье Адвента (А)

diciembre 6, 2019

Чтение книги пророка Исаии 11, 1-10

В тот день: И произойдёт отрасль от корня Иессеева, и ветвь произрастёт от корня его; и почиет на нём Дух Господень, дух премудрости и разума, дух совета и крепости, дух ведения и благочестия; и страхом Господним исполнится, и будет судить не по взгляду очей Своих, и не по слуху ушей Своих решать дела. Он будет судить бедных по правде, и дела страдальцев земли решать по истине; и жезлом уст Своих поразит землю, и духом уст Своих убьёт нечестивого. И будет препоясанием чресл Его правда, и препоясанием бёдр Его — истина. Тогда волк будет жить вместе с ягнёнком, и барс будет лежать вместе с козлёнком; и телёнок, и молодой лев, и вол будут вместе, и малое дитя будет водить их. И корова будет пастись с медведицею, и детёныши их будут лежать вместе, и лев, как вол, будет есть солому. И младенец будет играть над норою аспида, и дитя протянет руку свою на гнездо змеи. Не будут делать зла и вреда на всей святой горе Моей: ибо земля будет наполнена ведением Господа, как воды наполняют море. И будет в тот день: к корню Иессееву, который станет, как знамя для народов, обратятся язычники, — и покой его будет слава.

ОТВЕТНЫЙ ПСАЛОМ Пс 72 Припев: Во дни Господни праведник цветёт.

Чтение Послания святого Апостола Павла к Римлянам 15, 4-9

Братья: Всё, что писано было прежде, написано нам в наставление, чтобы мы терпением и утешением из Писаний сохраняли надежду. Бог же терпения и утешения да дарует вам быть в единомыслии между собою, по учению Христа Иисуса, дабы вы единодушно, едиными устами славили Бога и Отца Господа нашего Иисуса Христа. Посему принимайте друг друга, как и Христос принял вас в славу Божию. Разумею то, что Иисус Христос сделался служителем для обрезанных — ради истины Божией, чтобы исполнить обещанное отцам, а для язычников — из милости, чтобы славили Бога, как написано: «за то буду славить Тебя, Господи, между язычниками, и буду петь имени Твоему».

+ Чтение святого Евангелия от Матфея 3, 1-12

В те дни приходит Иоанн Креститель, и проповедует в пустыне Иудейской, и говорит: покайтесь; ибо приблизилось Царство Небесное. Ибо он тот, о котором сказал пророк Исаия: «глас вопиющего в пустыне: приготовьте путь Господу, прямыми сделайте стези Ему». Сам же Иоанн имел одежду из верблюжьего волоса и пояс кожаный на чреслах своих; а пищею его были акриды и дикий мёд. Тогда Иерусалим и вся Иудея и вся окрестность Иорданская выходили к нему, и крестились от него в Иордане, исповедуя грехи свои. Увидев же Иоанн многих фарисеев и саддукеев, идущих к нему креститься, сказал им: отродье змеиное! кто внушил вам бежать от будущего гнева? Сотворите же достойный плод покаяния; и не думайте говорить в себе: «отец у нас Авраам»; ибо говорю вам, что Бог может из камней сих воздвигнуть детей Аврааму. Уже и секира при корне дерев лежит: всякое дерево, не приносящее доброго плода, срубают и бросают в огонь. Я крещу вас в воде в покаяние; но Идущий за мною сильнее меня; я не достоин понести обувь Его; Он будет крестить вас Духом Святым и огнём. Лопата Его в руке Его, и Он очистит гумно Своё, и соберёт пшеницу Свою в житницу, а солому сожжёт огнём неугасимым.

Но где же пророки?..

Пророки питали надежды Израиля, особенно в моменты, когда тот, потерпев поражение, был повергнут ниц, когда легче всего было впасть в отчаяние. Пророческие речения, развенчивающие несправедливость и неверность народа как причину его же собственных бед, не ограничиваясь указанием на текущее положение разгрома и унижения как на справедливое последствие дурного поведения, вновь подтверждают спасительную волю Господню, проявившуюся в прощении и восстановлении народа в его достоинстве. Где царит разорение, может сызнова возникнуть жизнь; от сухого, выглядящего мёртвым корня может пробиться отрасль. Если эта отрасль пробивается из корня Иессеева, это значит, что Бог восставляет давидово обетование, обреченное, казалось бы, на исчезновение по причине неверности наследников Давида. Пророки способны в грёзах узреть картины, могущие показаться нам идиллическим утопиями, более свойственными обольщённым мечтателям, нежели людям-реалистам. Однако описываемое пророками, как сегодня – в поэзии Исайи, – не напыщенные мечтания, а то, к чему, по сути, стремится человеческое сердце, то, что они умеют читать как никто другой – ведь они в этом видят исполнение Божьих обетований, плод божественной верности, превосходящей с лихвой всю неверность монархии, народа, человека в целом. Это не означает, тем не менее, волшебного исполнения желаний, в котором всё окрасится внезапно в розовые тона без какого-либо содействия со стороны человека. Речь идёт об отрасли, о ростке – то есть, о начале процесса. Кроме того, возрождающаяся от корня Иессеева жизнь происходит от «духа»: духа премудрости и разума, духа совета и крепости, духа ведения и благочестия; это плод образа жизни – жизни человека, способного судить по истине и правде, с силой воспротивиться злу. Нигде не сказано, будто сей новый мир без вражды родится без противоборства. На самом деле, пророк говорит нам, что Бог не утратил надежды на благость человека, семя, Им Самим помещённое в Им же творимом человеческом сердце, и что Он предпринимает действия, чтобы ему прорасти. Человеческая свобода и ответственность не чужды «утопии»: возможно сотворить гармоничный мир без вражды, обратить мир в райский сад, если человек возвратится к Богу и будет жить сообразно с полученным от Него достоинством.

Пророки – это люди, способные увидеть в пустыне возможность вырастить сад, в несчастье – знаки Божия присутствия. Их слова распространяются гораздо дальше исторических обстоятельств, в которых они были произнесены или написаны. Мы обнаруживаем в пророческом речении Исайи (чей исторический фон – вторжение Синаххериба в 701 г. н. э.) предвозвещение рождения Иисуса, в Ком Дух Божий обитает в полноте и вокруг Кого начинает воплощаться в жизнь пророчество о мире, где не будет царить жестокость. Он – отрасль ветви Иессеевой, восставление давидовой династии, хоть речь и идёт теперь о царствовании совершенно отличном – не политическом, но обращённом к сердцу человека.

Иоанн, принадлежа к череде пророков, появляется, когда пророчество в Израиле уже казалось умершим, а потому он – истинный знак надежды; кроме того, его краткое и ёмкое, грубое и прямое пророчество превосходит всякое предшествовавшее. Его пророческое служение происходит в пустыне, месте засухи и смерти, но также и месте настоящего опыта встречи с Богом, опыта очищения и получения обетования. Его пророчество говорит о восстановлении не как о грядущем, а как о неотвратимо близком уже событии. Поэтому его жёсткий призыв проникнут нетерпеливостью. Как раз в пустыне, в тот момент, когда избранный народ более всего повергнут был ниц, полностью почти подчинён иноплеменной, языческой силе, Иоанн способен увидеть знаки непосредственного присутствия. Это присутствие всё ещё не обнаружило себя, но из-за его неотвратимого приближения становится необходимым срочно изменить взгляд на жизнь, очиститься и подготовиться, чтобы не упустить предоставленной нам Богом возможности. Потому что, опять же, это событие происходит не без нашего участия. Самопроизвольному свершению здесь места нет. Иоанн извещает, что процесс уже начался и что он открыт каждому: не только чистым, но и тем, кто, признавая свой грех, готов очиститься. Это личный призыв, взывающий к ответственности каждого. Поэтому он столь жёстко обращается к фарисеям и саддукеям, не признающим своего греха и не готовым, как следствие, к символизируемому в крещении очищению. Простая принадлежность к народу Израиля (к сынам Авраама) недостаточна, чтобы обеспечить себе спасение. Создаётся впечатление, что саддукеи и фарисеи приходили к Иоанну то ли из любопытства, то ли «на всякий случай», быть может, чтобы проконтролировать деятельность пророка-вольнодумца, которому никто был не указ. Суть же в том, что им недоставало настоящего желания очиститься изнутри, изменить жизнь и приносить плоды обращения.

Иоанн, последний и самый великий из пророков, – не провозглашённая, тем не менее, Исайей ветвь, несмотря на то, что внешне его проповедь основными чертами очень походит на Иисусову: «Приблизилось Царствие Божие». Однако в то время как Иоанн лишь предчувствует это близкое уже присутствие, Иисус Сам есть осуществление оного. Это в Нём исполняются древние обетования, это о Нём грезили пророки. Мы знаем, опять же, что это не волшебное, триумфальное исполнение: оно вершится не без сопротивления ему, как и не без содействия ему с нашей стороны. Иоанн обращает внимание на знаки грядущего и на приготовления, нужные для сердечного его приятия и содействия его воплощению в жизнь в нашем мире. Мы готовимся посреди окружающего нас, затрагивающего лично каждого из нас противодействия: зло существует, в мире и в нас самих, а потому осуществление обетований, уже исполненных в лице Иисуса, происходит в напряжении и борьбе. Эту борьбу, испытываемую последователями Христа очень по-разному, должен взять на себя всякий из нас. Однако как раз потому, что это не просто обещание, но реальность уже действующая, мы можем воспринимать – в духе самого настоящего пророчества – реальные знаки такого присутствия. Первый и важнейший из всех – Слово, наставляющее нас и просвещающее (как св. ап. Павел говорит о древних Писаниях, написанных нам в наставление), «чтобы мы терпением и утешением из Писаний сохраняли надежду». Вокруг Слова воплощённого, которое есть сам Христос, единодушно (одна душа на всех!) собирается община, во взаимном радушии прославляя Бога. Таким образом, мы и сами обращаемся в знаки надежды для других, лишённых надежды, потому что в желании слушать Слово и в сердечном радушии ко всем невзирая на лица – то есть, в любви, в полученном и дарованном прощении – мы, хоть и несовершенно, помогаем корню Иессееву вновь расцвести и воплотиться – грёзам пророков, воплотиться миру в гармонии, без вражды; стараемся сделать возможными эти согласие и гармонию вокруг нас; преодолеваем многообразно возведённые меж людьми предрассудки и границы; находим в каждом из них: в иудее или в язычнике – того, ради кого принесены обетования Бога верного, выходящего людям навстречу – Бога, Который уже близко.

Domingo 2 de Adviento (A)

diciembre 4, 2019

Lectura del libro de Isaías 11,1-10 Juzgará a los pobres con justicia

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17 R. Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9 Cristo salva a Iodos los hombres

Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así, dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre».

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,1-12 Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abraham es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

 

¿En dónde están los profetas?

 

Los profetas alimentaron la esperanza de Israel, especialmente en los momentos de postración y derrota, en aquellos en los que era más fácil caer en la desesperación. Los oráculos proféticos, que denuncian la injusticia y la infidelidad del pueblo como causa de sus propios males, no se limitan a señalar la actual situación de derrota y humillación como justa consecuencia del mal comportamiento, sino que reafirman la voluntad salvífica de Dios, manifestada en el perdón y la rehabilitación del pueblo. Allí donde reina la destrucción, puede resurgir la vida, del tronco seco y en apariencia muerto puede brotar un renuevo. Si ese renuevo brota del tronco de Jesé, quiere decirse que Dios restablece la promesa davídica, en apariencia condenada a la desaparición a causa de la infidelidad de los sucesores de David. Los profetas son capaces de soñar cuadros que nos pueden parecer utopías idílicas, más propias de soñadores ilusos que de personas realistas. Sin embargo, lo que describen los profetas, como hoy la poesía de Isaías, no son sueños fatuos, sino aquello a lo que aspira en el fondo el corazón humano, y que ellos saben leer como nadie, pues lo ven como el cumplimiento de las promesas de Dios, como el fruto de una fidelidad divina que supera con creces todas las infidelidades de la monarquía, del pueblo, del hombre en general. Pero esto no quiere decir que se trate de un cumplimiento mágico, en el que todo se convertirá de repente en color de rosa sin cooperación alguna por parte del hombre. Se trata de un brote, de un renuevo, es decir, del comienzo de un proceso. Además, la vida que renace del tronco de Jesé es el resultado de un “espíritu”: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor; es el resultado de un modo de vida, el de aquel que es capaz de juzgar con justicia y rectitud, de oponerse al mal, pero no con la brutalidad de la violencia, sino con la fuerza de la palabra: la vara de su boca y el aliento de sus labios. Y es que no está dicho que ese mundo nuevo y en paz nacerá sin oposición. Pero el Profeta nos dice que Dios no ha perdido la esperanza en la bondad del hombre (la semilla que Él mismo depositó en el corazón humano al crearlo) y que actúa para hacerlo brotar. La libertad y la responsabilidad humana no son ajenas a la “utopía”: es posible crear un mundo armónico y en paz, y hacer de él un paraíso, si el hombre retorna a Dios y vive de acuerdo con la dignidad que de Él ha recibido.

Los profetas son los hombres capaces de ver en el desierto la posibilidad de un jardín, en la desgracia los signos de la presencia de Dios. Sus palabras superan con mucho las circunstancias históricas en que fueron pronunciadas o escritas. Nosotros descubrimos en el oráculo profético de Isaías (cuyo trasfondo histórico es la invasión asiria de Senaquerib el 701 a.C.) el anuncio del nacimiento de Jesús, en quien el Espíritu de Dios habita en su plenitud y en torno al que empieza a hacerse verdad la profecía de un mundo en el que no reine la violencia. Él es el renuevo del tronco de Jesé, la restauración de la dinastía davídica, aunque se trata ahora de un reinado completamente distinto, no político, sino dirigido al corazón del hombre.

Juan, que pertenece al linaje de los profetas, surge cuando la profecía parecía haber muerto en Israel y es, por eso mismo, todo un signo de esperanza; además, su profecía breve e intensa, áspera y directa, supera a todos sus precedentes. Su ministerio profético tiene lugar en el desierto: el lugar de la aridez y la muerte, pero también el lugar de la experiencia genuina de Dios, de la purificación y la promesa. Su profecía no habla de una futura restauración, sino de un acontecimiento inminente. Por eso, su llamada a la conversión es dura y apremiante. Precisamente en el desierto, y en un momento de máxima postración del pueblo elegido, sometido casi por entero a una potencia extranjera y gentil, Juan es capaz de ver los signos de una presencia inmediata. Esa presencia todavía no se ha descubierto, pero su inminencia urge a cambiar de actitud, a purificarse y prepararse para no dejar pasar la oportunidad que Dios nos brinda. Porque, de nuevo, no se trata de un acontecimiento que suceda sin participación alguna por parte nuestra. Aquí no caben automatismos. Juan avisa de que el proceso ya se ha iniciado, y de que está abierto a todos: no es algo para los puros, sino para los que, reconociendo su pecado, están dispuestos a purificarse. Se trata de una llamada personal que apela a la responsabilidad de cada uno. Por eso habla con tanta dureza a fariseos y saduceos, que ni reconocen su pecado ni, en consecuencia, están dispuestos a la purificación simbolizada en el bautismo. La mera pertenencia al pueblo de Israel (ser hijo de Abraham) no es suficiente para asegurarse la salvación. Da la impresión de que saduceos y fariseos acudían a Juan o por curiosidad o “por si acaso”, tal vez para controlar la actividad del díscolo profeta, que no se sometía a nadie. El caso es que carecían de una voluntad real de purificarse por dentro, de cambiar de vida y dar frutos de conversión.

Juan, el último y el más grande de los profetas, no es, sin embargo el vástago anunciado por Isaías, pese a que externamente su predicación básica se parece mucho a la de Jesús: “está cerca el Reino de los Cielos”. Pero mientras que Juan sólo presiente y prepara esa presencia ya cercana, Jesús es la realización de la misma. Es en él en quien se cumplen las antiguas promesas, los sueños de los profetas. Sabemos, una vez más, que no se trata de un cumplimiento triunfal, mágico, sin oposición, ni tampoco sin colaboración por nuestra parte. Juan nos advierte de los signos de lo que está por venir y de las disposiciones necesarias para acogerlo y colaborar a hacerlo realidad en nuestro mundo. Nos preparamos en medio de las contradicciones que nos rodean y que nos afectan personalmente: el mal existe, en el mundo, en nosotros mismos, y por eso la realización de las promesas, ya presentes en la persona de Jesús, se da en tensión, de forma agónica. Es una lucha que cada uno de nosotros debe sostener y que los seguidores de Cristo experimentan de múltiples formas. Pero, precisamente porque no es una pura promesa, sino una realidad ya operante, podemos percibir, en el espíritu del profetismo más genuino, los signos reales de esa presencia. El primero y el más importante de todos: la Palabra, que como dice Pablo de las antiguas Escrituras, que se escribieron para enseñanza nuestra, nos instruye e ilumina, “de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza”. En torno a la Palabra encarnada, que es el mismo Cristo, se congrega unánime (= con una sola alma) la comunidad, que en la acogida mutua, alaba a Dios. De esta forma, nosotros mismos nos convertimos en signos de esperanza para otros, para los desposeídos de esperanza, porque, aunque de manera imperfecta, en la voluntad de escuchar la Palabra, en la acogida de los otros sin distinción, esto es, en el amor, en el perdón recibido y otorgado, estamos haciendo fructificar el renuevo del tronco de Jesé, y haciendo verdad el sueño de los profetas, la verdad de un mundo en armonía y paz, tratando de hacer posibles esa paz y armonía en torno a nosotros, superando los prejuicios y las barreras que se alzan de tantas formas entre los hombres, descubriendo en todos ellos, judíos o gentiles, a aquellos para los que se hicieron las promesas del Dios fiel, que va al encuentro de los hombres, y que está ya cerca.