Archive for the ‘Ensayo’ Category

El Islam y la mujer

febrero 5, 2015

Ислам и женщина (и вообще об Исламе): впечатляющее свидетельство по английски с субтитрами на испанском. El Islam y la mujer (y sobre el Islam en general). Un testimonio impresionante (en inglés con subtítulos en español)

https://www.youtube.com/embed/qhN0u8uKE-M

La N árabe, con la que los islamistas radicales designan al os cristianos: Nazarenos

La N árabe, con la que los islamistas radicales designan a los cristianos: Nazarenos

Pero hay raíces del islamismo radical también en occidente, esto ya es reflexión mía:
No hay que posicionarse contra “los musulmanes”, porque son personas y naturalmente hay musulmanes buenos, malos y regulares. Pero el Islam mismo es el problema, es la raíz y la semilla de ese radicalismo que crece sin parar. Los episodios negros de la historia de la Iglesia, que los hay, contradicen el espíritu del evangelio, que predica el amor a los enemigos y la disposición a dar la propia vida incluso por ellos. ¿Puede decirse lo mismo del Islam, que predica la guerra santa contra el infiel, ensalza a los que los matan y llama mártires a los que mueren matando? Los elementos positivos del Islam están tomados del judaísmo y del cristianismo, pero degradándolos. En el Islam no hay espacio para la libertad (profesan el determinismo, incluso en la creación del mundo), y no existe el concepto de persona ni de dignidad de la persona. Las grandes confrontaciones entre el Islam y Occidente ya se dieron en el pasado. El gran filósofo ruso V. Soloviov consideraba que la gran aportación de España a la cultura occidental fue, precisamente frenar y rechazar la invasión musulmana de Europa. Tampoco nos olvidemos de Lepanto. Eran tiempos en que se creía que a la concepción musulmana de la vida se oponía en Occidente otra (la cristiana) que era mejor porque era verdadera.
Pero, ¿ahora? El gran problema es, creo yo, que en occidente hoy ya casi no tenemos qué oponerle al Islam, excepto la fuerza de las armas. Porque en lo que se refiere a los valores, en Occidente hemos dejado de creer en muchos de ellos (empezando por la verdad) y, sobre todo, en la raíz que les da sentido, y hemos decidido que todo es relativo y que cada uno puede crearse los suyos. Y los valores en los que decimos creer, como la libertad, la dignidad de la persona, etc., se han convertido en valores residuales, débiles, carentes de las raíces que los alimentaban. Si todo es relativo, si todo vale por igual, en realidad nada importa y nada tiene verdadero valor. Y sólo queda entonces la fuerza (brutal o sutil, por medio de la propaganda) de imponer unos valores u otros (y estos suelen ser sólo los que cotizan en bolsa). Y con la sola fuerza militar la superioridad de una cultura tiene los pies de barro y es sólo cuestión de tiempo que cambie de manos. Mi impresión sobre el hecho de que tantos musulmanes nacidos y educados en occidente opten por el islamismo radical (es decir, por el Islam, como dice esta doctora) tiene también en nuestra cultura actual algunas causas: no creemos en nada, todo es relativo, pero estamos alimentando continuamente a los jóvenes con películas y juegos de una violencia extrema, que ensalzan la venganza, por no hablar del culto al placer fácil, y demás… El yihadismo es una posibilidad real de realizar la mierda con la que les hemos alimentado. No sería de extrañar que pronto se les unieran, no sólo jóvenes musulmanes nacidos en occidente, sino también europeos de siempre con la mente carcomida por los disvalores en que los hemos maleducado.

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Un jueves que brilla en Domingo

junio 21, 2014

1Este del Corpus era uno de esos tres jueves que relucían más que el sol (junto con el Jueves Santo y la Ascensión). La verdad es que el jueves santo, ante la imposibilidad de que lo trasladen al domingo siguiente, se ha quedado solo. Pero, pese a estos cambios, que nos recuerdan la secularización que va orillando las fiestas religiosas, la luz del Corpus, como la de la Ascensión siguen brillando con luz propia, independientemente del día de la semana en que se celebren.

Es verdad que esta fiesta del Corpus es relativamente tardía, pues surge en el siglo XI como reacción a las objeciones que a la presencia real oponía un tal Berengario. Pero la historia con sus vueltas y revueltas es ocasión para pensar, reflexionar y profundizar. Y aquellas polémicas, que hoy nos resultan extrañas, fructificaron en una tradición que ha sido extraordinariamente rica y fecunda para la vida de la Iglesia. Habrá quien objete, y no sin razón, que el “culto” a la Eucaristía puede desvirtuar la “celebración” eucarística: la Eucaristía no es sólo un trozo de pan en el que se hace realmente presente el cuerpo de Cristo, sino que es toda la celebración: la reunión misma de los fieles, la petición de perdón, la escucha de la Palabra, las alabanzas y peticiones que eleva la asamblea, y también claro, la oración eucarística en que en el pan y el vino ofrecidos se hacen presentes por la acción del Espíritu el cuerpo y la sangre de Cristo, en torno al cual podemos sentirnos hermanos y orar juntos el padre nuestro, darnos la 2paz y, por fin, alimentar nuestro espíritu en la comunión. Si Cristo se hizo hombre, asumió nuestra carne, para entregarse por todos nosotros, así, el pan partido y el vino ofrecido son sacramentos de esa entrega: no se consagra el pan y el vino para contemplarlos, sino para comerlos, para alimentarnos con ellos. Pero así como la Palabra requiere del silencio previo para que pueda ser escuchada, así el misterio eucarístico, “fuente y cumbre de la vida cristiana”, pide que no lo celebremos apresuradamente, sin atención ni conciencia, sino con un espíritu abierto y un corazón dispuesto. Y la contemplación y la adoración eucarística son un modo excelente de disponerse bien y acoger conscientemente el don que se nos hace.

Las lecturas de hoy iluminan muy bien el sentido de este regalo que Dios nos hace y que no es otra cosa que el mismo Jesucristo, muerto y resucitado.

Santísima Trinidad

junio 14, 2014

searchPara muchos el misterio de la Santísima Trinidad es un misterio ocioso. En realidad, “daría lo mismo” una imagen u otra de Dios, más si una de ellas, como esta trinitaria, se presenta como una paradoja (tres en uno…) que supera nuestras capacidades de comprensión. Por eso, se dice con frecuencia que “no hay más que un Dios”, como queriendo decir que lo importante es creer en ese Dios que de un modo u otro se profesa en todas las religiones, da igual de qué manera o bajo qué imagen. Se refuerza esta impresión cuando se considera que la alternativa es la negación de Dios y de toda la dimensión religiosa. Pero que el ateísmo (teórico y práctico, este último como pura indiferencia a la cuestión de Dios) parezca extenderse como una mancha de aceite no significa que nos haya de valer cualquier imagen de Dios. Porque no es verdad que dé lo mismo la imagen de Dios que profesemos (algunas pueden ser de hecho acicates del ateísmo), ni que todos los creyentes creamos en el mismo Dios. En primer lugar porque nuestras “imágenes” de Dios no pueden contener al verdadero Dios. Muchas de ellas nos apartan de Él y derivan a formas muy inmaduras, imperfectas o desviadas de la experiencia religiosa, como la idolatría (que confunde a Dios con ciertas realidades creadas) o el panteísmo (que identifica a Dios con el mundo, o con cierta impersonal “energía” positiva o negativa, según los gustos). Hay religiones que nos parecen tener un aire de familia con la fe cristiana, como son las llamadas “religiones del libro”, que, junto al mismo cristianismo, serían el judaísmo y el islam. Pero también aquí hay que tener cuidado. En lo referente al Islam, aunque Mahoma se inspirara en la Biblia judía y cristiana (literalmente, la copiara, confundiendo y desfigurando), hay que tener cuidado porque su monoteísmo es “monárquico”, esto es, de un Dios solitario, tiránico, que no deja espacio alguno para la libertad humana, y ante el que sólo cabe el sometimiento servil. Para el Islam, el ser humano no es imagen de Dios, sino sólo siervo suyo. En el caso del judaísmo, descubrimos una “imagen” de Dios mucho más perfecta: un Dios transcendente y personal, que crea por amor y abre el espacio de la libertad humana (por eso es más el Dios de la historia que el de la naturaleza), un Dios ante el que el hombre puede elevar su voz, y luchar con Él, como Jacob (cf. Gn 32, 25-31), un Dios que no impone, sino que propone su ley en forma de una alianza, es decir, de un pacto, que sólo puede aceptarse libremente… Ya sé que en el AT hay muchos textos terribles, pero se da en él una clara evolución que avanza decidido hacia la imagen del Dios Padre de todos los hombres sin excepción. Es decir, en el AT, cuando se lo sabe leer entre líneas, está latente (siempre con mayor claridad) el Nuevo Testamento. Y es que la única imagen perfecta y verdadera, y por eso mismo definitiva, de Dios es la que Él mismo nos ha dado en su Hijo Jesucristo: “imagen de Dios invisible” (Col 1, 15). El cristianismo no es realmente una “religión del libro”, sino la religión de la Palabra, “viva y eficaz y más cortante que una espada de dos filos” (Hb 4, 12).

searchAsí que los cristianos no creemos simplemente en Dios, así, en general, sino en el Dios que se ha hecho hombre, en el Dios de Jesucristo, en el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, habitado internamente por la diferencia y la relación interpersonal, aunque en la perfecta unidad. La perfecta unidad que no anula las diferencias, sino que las conserva, eso es el amor. Por eso, no decimos sólo que “Dios ama”, sino que “Dios es amor”. Así que lo que celebramos hoy no es un enigma, propuesto para rompernos la cabeza, sino un misterio cercano: el misterio del Amor. Y el amor, más que una norma moral, es un “mandamiento”, algo que Dios nos manda, nos envía, nos regala en su Hijo Jesucristo, en su Espíritu, es la vida misma de Dios; de modo que la salvación no consiste en “ir a determinado lugar” (y la condenación a otro): la salvación consiste en participar de la vida misma de Dios, que Él nos ha manifestado y puesto a nuestro alcance por medio de la carne del Verbo, de la humanidad de Cristo; y la condenación en exiliarse voluntariamente de esa comunión.

Bueno, aquí lo dejo, el resto está en el comentario adjunto. Feliz fiesta de la Santísima Trinidad.

Un entierro en Múrmansk

mayo 3, 2014

Esta semana he tenido un entierro. Aquí en Múrmansk los entierros tienen sus peculiaridades, y no sólo por motivos climáticos. El caso es que este entierro me ha suscitado una pequeña reflexión sobre nuestra fe cristiana y sobre este tiempo pascual. El difunto era en esta ocasión un lituano de algo más de 70 años. Es uno de los muchos (no sólo lituanos, sino también letones, bielorrusos y ucranianos) que vinieron a Murmansk en su juventud, sea por el servicio militar, sea por motivos de trabajo, que se casaron aquí y aquí se quedaron. Muchos de ellos son católicos por procedencia, aunque raramente los hemos visto por la Iglesia. Por eso, cuando su hija y su mujer, las dos ortodoxas, vinieron a pedir que acudiéramos al entierro y a concertar el día y la hora, me vino a la cabeza que nuestra parroquia (como tal vez muchas otras en el mundo), son realmente parroquias “de la resurrección”: muchos de sus parroquianos aparecen en ellas sólo después de muertos…

En honor a la verdad, en este caso no era del todo así. La mujer y la hija de nuestro Kazys (en español, Casimiro) me contaron que cuando estaban en Lituania iba siempre a la Iglesia, aunque aquí en Múrmansk tenía problemas para venir por motivos de trabajo. La verdad es que muchos de ellos no han tenido la oportunidad de practicar durante muchos años, pues Múrmansk, fundada en 1917, ha sido una ciudad puramente soviética, en la que no sólo no había iglesia católica, sino tampoco ni ortodoxa ni de ninguna otra confesión. Aquí el experimento de una sociedad sin Dios se pudo llevar a cabo sin “rémoras” del pasado. Así que muchos de estos católicos de origen perdieron el hábito y, al aparecer la Iglesia, se ve que no acabaron de vencer la inercia de muchos años, incluso en los casos, como el de Kazys, en los que, pese a todo, mantuvieron la fe, que, eso sí, practicaban casi solo a la tierra que les vio nacer.

 

El entierro se desarrolló con normalidad. Todo el rito lo hicimos en el cementerio, que está bastante lejos

Iglesia del cementerio de Murmashí

Iglesia del cementerio de Murmashí

de la ciudad (de hecho en otra pequeña ciudad, camino del Aeropuerto, llamada Murmashí), bajo la presión de los enterradores, que no están acostumbrados a “pérdidas de tiempo” en forma de rezos, y me obligaron a ir un poco a marchas forzadas (de hecho, hubo una especie de homilía compartida, pues mientras trataba de decir unas palabras comentado el evangelio y sobre el sentido cristiano de la muerte, uno de los enterradores intervino a su manera, metiéndome prisa). Al menos el otro tiempo, el atmosférico, respetó el momento del entierro, que se celebró bajo una levísima nevada y con una temperatura soportable, ligeramente por encima de cero. Volví solo en taxi, en medio ya de una nevada furiosa, y ahí estuve pensando en esta forma disminuida de fe cristiana en que vivimos con frecuencia. Esto de que los parroquianos aparezcan por la iglesia sólo después de muertos, esto es, que muchos cristianos releguen su relación con Dios a un asunto “de la otra vida”, es muy indicativo de hasta qué punto no acabamos de entender el mensaje de la resurrección. En la fe cristiana, la resurrección no es un asunto para “el fin de los tiempos”, sino que ya ha acontecido “al tercer día”, esto es, en el seno de nuestra historia, es un acontecimiento de hoy, en el que podemos participar ya desde ahora. Por decirlo brevemente: la vida de la resurrección ya ha empezado; o, como dicen los textos evangélicos, ya ha amanecido “el primer día de la semana”.

Por eso, “ir a la iglesia”, o “ir a misa”, como solemos decir, no es una especie de pesada obligación para acumular méritos para que “al final” Dios nos premie con un caramelo de vida eterna; una obligación de la que muchos se liberan pensando que les basta con ser buenas personas, no hacer daño (lo típico, no matar no robar, tal vez pagar los impuestos). Es una actitud bastante comercial, una fe de premios y castigos, de méritos y amenazas, en la que mi presunta bondad hace que Dios esté en deuda conmigo…

Algo que, la verdad, se parece bastante poco a la alegre y buena noticia que Jesús nos ha venido a traer.
A tenor de los textos pascuales que meditamos en estos días, no se trata de la pesada obligación de “ir a misa”, sino de acudir a la reunión a la que nos convoca el Señor Resucitado, para que podamos verle, oírle, tocarlo, para poder participar, ya desde ahora, de la nueva vida del Resucitado, que camina junto a nosotros, sin que lo reconozcamos muchas veces, que habita en medio de sus discípulos, y al que podemos reconocer justamente al partir el pan.

La era de Acuario y el pozo de Sicar

marzo 23, 2014

Hace bastantes años, cuando vivía en el Colegio Mayor Jaime del Amo, dirigí un seminario a un grupo de religiosos (sobre todo religiosas) sobre el movimiento New Age. Como se sabe, este difuso movimiento habla del final de una era oscura y violenta, la era de Piscis, dominada por el cristianismo, y anuncia el advenimiento de una “nueva era”, era de síntesis, armonía y paz, la era de “Acuario”, que, en palabras de una de sus propagandistas, Marilyn Ferguson, “viene a apagar una antigua sed”.

Una de las transformaciones más notables de esta nueva era habría de ser la de las estructuras sociales, que en vez de rígidas y piramidales (por supuesto, “patriarcales”), habían de ser flexibles y horizontales, como las redes…

Aquel seminario, en el que como suele suceder, aprendí tanto o tal vez más que los alumnos (ya resultas del cual incluso escribí un pequeño libro sobre el tema), me permitió asomarme a este nuevo “paradigma cultural”, en el que me pareció que había muchos buenos deseos, bastante propaganda, algo de ingenuidad adolescente, y, en el fondo, un enorme refrito de viejas ideas, que mezclaba el antiguo esoterismo gnóstico con el gusto por el exotismo oriental y las técnicas culturales de las Selecciones del Reader Digest…

A la vista de cómo camina el mundo, parece que, en vez de la famosa “síntesis cultural” preconizada por los profestas de la New Age, lo que está surgiendo son nuevas polarizaciones, y si parece verdad que se extiende la difusa organización social en “red” (así, en el ámbito de la comunicación, aquí está la “inter-red”, más conocida por internet), no lo es tanto que eso garantice por sí mismo la paz universal, la “paz perpetua”, que decía Kant, pues la red es un mero instrumento que se puede usar para bien o para mal y, si no, que nos lo digan a nosotros, que no paramos de oir hablar de la “red Al qaeda”…

El caso es que, al margen de los signos zodaquiales, que nunca me han atraído, ahí sigue presente, hoy como siempre, esa antigua sed, que anida en el fondo del corazón humano, y que no es posible apagar por medio de cambios epocales más o menos deteminados por los movimientos de las estrellas, sino por la vía personal de la conversión; y, más que fruto de un esfuerzo ascético, que también habrá que hacer, se trata de un don o, como decimos los cristianos, una gracia, que se alcanza en el encuentro personal con Jesús. Es Jesús el que se nos presenta hoy en el densísimo diálogo con la mujer samaritana como el portador de ese agua que apaga las sedes fundamentales del ser humano de hoy y de siempre. La Palabra nos invita hoy a dejarnos interpelar por este peregrino sediento, que empieza pidiendo, pero lo hace para dar él lo que, en lo más profundo de nuestro ser, andamos anhelando siempre.

Feliz domingo, el tercero del camino cuaresmal.

En contra del aborto y en favor de la vida

marzo 16, 2014

Por fin un político (en este caso una mujer), se moja en el asunto del aborto. Y lo hace de primera.

http://www.youtube.com/watch?v=W1gY48VSxCs&sns=em

En su intervención la diputada del PP desmonta por fin la falacia de que las feministas representan a “las mujeres” en su conjunto.

Las feministas se representan sólo a sí mismas. Muchísimas mujeres, perfectamente libres y responsables, están en contra del aborto. Es decir, a favor de la vida. Además, que abortar o dar a luz sea exclusiva competencia de la mujer, es profundamente antifeminista, pues de ser verdad esa ecuación, habría que concluir que, en caso de decidir tener a su hijo, éste es cosa sólo suya, y el padre de la criatura puede lavarse las manos, y decirle a la madre, parir o no parir o no parir es asunto exclusivamente tuyo, por lo tanto, si decides parir, allá tú con la criatura, a mí no me vengas con exigencias… El absurdo es tan patente que es un insulto a la inteligencia. Además de que no es verdad que “las mujeres” decidan en libertad. Muchísimas son forzadas a abortar contra su voluntad. En esto la izquierda no es simplemente ingenua, es sencillamente mentirosa.

Considero, sin embargo, que la reforma de la ley se queda muy lejos de una verdadera cultura de la vida, porque se trata sólo de volver a la anterior ley de supuestos del PSOE, que es un auténtico coladero. Hay que crear mecanismos que ayuden a las mujeres en dificultad a tener a sus hijos.

Me parece un escándalo que en la actualidad en los mcs (incluidos los públicos controlados por el PP, como TVE) prácticamente sólo se dé voz a los contrarios a la reforma y a sus mendaces argumentos, mientras que multitud de grupos y movimientos de la sociedad civil que trabajan a favor de la vida, sean silenciados sistemáticamente.

Las Bienaventuranzas, proyecto de felicidad

febrero 13, 2014

Decía la filosofía clásica (desde Sócrates, Platón y Aristóteles, y aún antes) que lo que el ser humano quiere siempre y necesariamente, como fin último de todas sus tendencias y deseos, es la felicidad. A partir de ahí empiezan los desacuerdos, pues la felicidad se puede concebir de muchas maneras. Por eso decía Kant (siguiendo con la filosofía) que la felicidad es un ideal, en parte de la razón (por su universalidad), en parte de la imaginación (por la enorme variedad de sus contenidos). Aunque, a diferencia de lo que ocurre ahora, la filosofía clásica (y también el pensamiento cristiano que continúa su reflexión), considera que la felicidad no es algo puramente subjetivo, sino que, junto a la satisfacción subjetiva (sin la que nadie podría considerarse feliz), debía darse la posesión (o la vinculación) con un bien objetivo, digno de ser querido por sí mismo. Eso es lo que, ante la euforia de un borracho que se encontró por las calles de Milán, le hacía decir a San Agustín “non enim verum gaudium habebat”:“Cierto que la de aquél no era alegría verdadera” (Confe­siones, VI, VI, 9s).

Hoy en día nuestra cultura occidental se ha terminado de pasar (pues el proceso viene de atrás) a una concepción puramente subjetivista de la felicidad, y se estima que no es posible establecer una escala cualitativa de la misma, como reconocía, por ejemplo, el mismísimo Epicuro o, más cerca en el tiempo, John Stuart Mill, que no admitían que un hombre sabio pero pobre y enfermo, era en realidad más feliz que un cerdo retozando en el barro, pues, a la hora de evaluar la felicidad, no cuenta sólo la intensidad del gozo, sino también la calidad y la nobleza del objeto que la proporciona. Es verdad, sin embargo, que el extremo subjetivismo contemporáneo en la idea de felicidad, está siendo, no diré atemperado, sino coartado hasta lo zafio y grotesco, por el imperialismo de lo “políticamente correcto”. De manera cada vez más asfixiante nos están dictando (desde Hollywood y Bruselas, los MCS y ciertos lobbies cada vez más poderosos) cómo debemos pensar, sentir y actuar para ser partícipes de esta bobalicona Arcadia feliz. Y lo más grave es que, pese a todo, a los adelantos y a las adaptaciones, no somos más felices, sino al revés: la inestabilidad emocional, la debilidad moral que nos impide asumir compromisos y responsabilidades fuertes (por ejemplo, “para toda la vida”), la apuesta por valores volátiles, pues en gran medida no dependen de nosotros, etc., hacen que vivamos tal vez con más comodidad (y no todos, claro: siempre habrá excluidos, y a algunos los excluyen incluso antes de nacer, en nombre del bienestar políticamente correcto), pero no más felices.

En este contexto, nos viene Jesús con su Sermón de la Montaña, que se abre además con una declaración sobre la verdadera felicidad y los verdaderamente felices, que abraza, en primer lugar, a los excluidos por definición. El contraste no puede ser más fuerte. Pero, precisamente por eso, la sorpresa y la extrañeza pueden dar pie a una comprensión que brota de las profundidades de nuestro ser, esas profundidades a las que no puede llegar nunca la superficialidad de los eslóganes fáciles.

Todos queremos ser felices. Pero parece que estamos condenados a aspirar en este mundo a un ideal imposible. ¿O no? Merece la pena meditar un poco por el paradójico proyecto de felicidad que Jesús, sin cortarse un pelo, nos propone en el umbral del Sermón de la montaña.

Ionas, el guardia personal de Beria

febrero 7, 2014

Esta semana me he dado de bruces con una página de la historia. La semana anterior me llamó por teléfono una mujer llamada Tatiana pidiéndome que me acercara a Lomonosov, un pequeño pueblo a unos 20 kms de San Petersburgo (un poco más allá de Peterhoff, para los que han estado por aquí), para confesar y llevar a la comunión a su anciano padre, un lituano que tiene muchas dificultades para acercarse a una de las iglesias católicas de San Petersburgo. Después de varias conversaciones telefónicas con la hija y el yerno y un encuentro con ellos el domingo pasado, finalmente el martes pude acercarme hasta allí. Al llegar a su casa, Ionas, que es como se llama nuestro personaje (Juan en lituano), no estaba en casa, porque había salido a hacer unas compras. Estuve hablando bastante tiempo con su mujer, rusa y ortodoxa y, por lo que me estuvo contando, de una fe profunda, muy enraizada en la vida. También me contó cómo se habían encontrado “por casualidad” (y añadía, “tal vez fuera la Providencia”) después de la guerra, cuando Ionas anduvo por Rusia con motivo de su servicio militar. También me contó los dolores de cabeza que habían tenido que sufrir por una dacha que habían adquirido en Lituania hacía muchos años, y que un vecino rico e influyente había querido arrebatarles con la excusa de que estaba a nombre de ella, que no tenía la nacionalidad lituana, por lo que no tenía derecho a poseerla. “Tu tendrás mucho dinero y poder, pero yo tengo a Dios de mi parte”, me dijo que le había espetado al ricachón injusto. Y, de hecho, tras muchos pleitos (y no poco dinero en abogados), acabaron ganando el juicio.

A todo esto llegó Ionas, un hombre muy cordial y comunicativo. Como es frecuente entre los lituanos, me preguntó si podría confesarlo en lituano, a lo que le respondí que para mí el ruso ya era suficientemente exótico cómo para intentar además esa lengua imposible (dicen que indoeuropea, pero sin relación con ninguna de las lenguas habladas en Europa –que me corrijan los filólogos). Después de confesarlo, rezar un rato y darle la comunión, me ofrecieron una buena comida, durante la  que el bueno de Ionas me contó más o menos las mismas cosas que me había contado su mujer. Pero hubo un momento inédito, que me hizo abrir los ojos y los oídos de par en par. Me contó sobre su servicio militar, y como quien te cuenta una anécdota del cabo furriel, dejó caer que había servido en la NKVD (antecedente de la KGB) en la guardia personal de Beria, el último jefe de los servicios de seguridad soviéticos de la época de Stalin, y que él estaba presente en el momento en el que Zhukov, el sanguinario mariscal que dirigió al Ejército Soviético durante la II Guerra Mundial, detuvo a Beria, al poco tiempo de la muerte del zar rojo. Contó Ionas cómo Beria, que era georgiano como Stalin, y un tipo imponente de cerca de dos metros de altura, al ver lo que se le venía encima, trató de sacar una pistola del cajón de su escritorio, pero que, con el azoramiento, se le cayó de las manos, lo que aprovechó Zhukov para abalanzarse sobre él y hacer que los guardias que lo acompañaban lo pudieran detener. Después de eso, le oyó decir al mismo Zhukov que la cuestión de Beria se iba a resolver deprisa. Y así, fue, pues parece ser que fue ejecutado sin juicio, según Ionas un par de días después. La causa de este desenlace, además de las luchas por el poder tras la muerte de Stalin, fue el creciente desapego de Beria, hacia la ideología comunista, y su deseo de liberalizar el régimen, tanto en lo político, como en lo económico y social.

Yo había leído en historias de la Unión Soviética, la versión oficial según la cual la detención de Beria se había producido durante una sesión del Presidium del PC el 26 de junio de 1953, y que su juicio y ejecución  fue unas semanas o meses más tarde. Pero el hijo de Beria y otros testimonios hablan de una detención y ejecución inmediata. Ahora la versión de este testigo directo, Ionas, avala más bien esa última.

El caso es que casi no podía dar crédito a lo que estaba oyendo y que nuestro buen lituano lo contaba como si nada (de hecho, ponía mucho más énfasis en el episodio de la dacha, que en ese episodio de los libros de historia en el que estuvo presente). Le pregunté tanto por Zhukov como por Beria, y me dijo que Zhukov era terrible, de una crueldad extrema, mientras que le parecía que Beria (que aunque rebajó la extrema represión de su antecesor, al que él mismo se encargó de ejecutar, no dejó de dirigir una aparato represor sin parangón en la historia) era un buen “muzhik”.

Al terminar el servicio militar, Ionas siguió trabajando para el ejército como personal civil, y al cabo de algunos años le concedieron el piso en el que ha vivido desde entonces hasta ahora junto con su mujer, Vera Alekseevna. Algo, por cierto, bien poco frecuente por estos lares: Ionas ha sido el primer y único marido de Vera, y Vera la primera y única mujer de Ionas. No me cabe duda de que la profunda fe de los dos, pese a las distintas confesiones, ha ayudado no poco en esta larga fidelidad, que, como decía ella, empezó por casualidad, pero, quién sabe, tal vez fue cosa de la Providencia.

Lo que más me ha hecho pensar es que en medio de aquellos acontecimientos terribles y sangrientos del régimen que creía haber superado para siempre la religión y vencido a Dios, había personajes anónimos que, como nuestro buen Ionas, mantenían viva la semilla de la fe, esa fe que mueve montañas, y  que, como dice el evangelio de este domingo debe iluminar al mundo.

Al final, después de este agradable y sorprendente encuentro, Vera y Ionas me despidieron no sin antes regalarme una botella de vodka un montón de mandarinas y un pastel de queso. Que Dios los bendiga.

Sta Tatiana de Roma, mártir, y la universidad de Moscú

enero 25, 2014

200px-Tatiana_of_RomeEl día de Tatiana de Roma, mártir del siglo III, se celebra en Rusia el día 25 de enero (el doce según el calendario juliano), coincidiendo con la fiesta de la conversión de San Pablo. En Rusia es toda una institución. Cuando la emperatriz Isabel Petrovna firmó en 1755 el decreto de creación de la Universidad de Moscú, el “día de Tatiana” se comenzó a festejar como el día del cumpleaños de la universidad, y luego se convirtió en la fiesta de los estudiantes. Fue precisamente el 25 (entonces el 12) de enero, fiesta de santa Tatiana de Roma, cuando la emperatriz aprobó la solicitud de Iván Shuvalov de crear la Universidad, que se convirtió en el centro de difusión de la cultura y el pensamiento ruso. Ese mismo día celebraba su santo la madre de Iván, Tatiana.

Más tarde en una de las alas de la Universidad se instaló la Iglesia de la mártir santa Tatiana, que fue declarada patrona de los estudiantes rusos.

A mediados del siglo XIX la fiesta de los estudiantes y profesores de la Universidad de Moscú se había convertido en la fiesta de la intelectualidad rusa. El modo de celebración era especialmente ruidoso y alegre, y en ella participaba toda la ciudad. Después de los actos académicos oficiales en la Universidad, los estudiantes “paseaban” (y “pasear” en ruso no significa sólo “ir de paseo”, sino que se usa en el sentido de francachela y juerga), como se ha dicho, de modo alegre y ruidoso por toda la ciudad. El dueño del complejo cultural “Ermitage” (no el museo de San Petersburgo), el francés Olivié (creador de la ensalada “Olivié”, que en España se conoce precisamente como “ensaladilla rusa), ponía a disposición la sala del restaurante para que profesores y estudiantes celebraran allí su fiesta. Como es de suponer (y de rigor), en la fiesta se bebía con generosidad, pero en ese día los gendarmes no sólo se abstenían de detener a los estudiantes con unas copas de más, sino que incluso le ofrecían su ayuda.

Después de la Revolución de Octubre, el día de Tatiana se fue perdiendo. Sólo después de la reapertura de la iglesia de la santa 280px-Moscow_05-2012_Mokhovaya_01
mártir Tatiana en la Universidad de Moscú en 1995 ha revivido la fiesta.

Desde 2005 se celebra en Rusia como el día del estudiante rusa. El 25 de enero tiene además el signifcado simbólico de que en ese día termina la sesión de exámenes del semestre de invierno y comienzan las vacaciones académicas de invierno.

En memoria del P. Guy Barbier

julio 9, 2011

La víspera de la solemnidad de san Pedro y san Pablo me la pasé montado en un autobús camino de  Helsinki. Iba a participar en el funeral del P. Guy Barbier, “Isä” Guy, como suena en finlandés, un sacerdote francés de casi noventa años (los hubiera cumplido el 20 de noviembre) y que precisamente este día 29 de junio cumplía 60 años de sacerdocio. Había muerto el día 21 anterior. Durante la segunda guerra mundial los nazis lo mandaron como trabajador forzoso a Alemania. Allí organizó una rebelión, que le costó pasar por varios campos de concentración. Le salvó la vida el final de la guerra. Fueron las tropas soviéticas las que le liberaron de aquel campo. En 1951 fue ordenado sacerdote y su sueño era ir a trabajar al territorio de la Unión Soviética. Empujado por ese sueño, entonces imposible, trató de vivir lo más cerca posible de Rusia, aprender la lengua y entrar en el país en cuanto fuera posible. Eso le llevó a Finlandia, en donde ha vivido y trabajado durante más de 45 años, en donde finalmente ha muerto. Aunque al principio no aprendió el finlandés, por su empeño en aprender ruso, y se valía del inglés para entenderse con la gente, acabó aprendiéndolo, porque los vagabundos con los que trabajó e, incluso, convivió durante varios años, no dominaban precisamente la lengua de Shakespeare. El P. Guy desplegó una actividad realmente impresionante, en Finlandia y después, con la caída del muro, también en Estonia y en Rusia. A Tallinn, la capital de Estonia, viajaba cada semana, donde dirigía grupos de catequesis de adultos y, en los últimos diez años, ejercía también el ministerio de exorcista, que le encargó el obispo de Helsinki. Y durante varios años pasaba una semana al mes en uno de los dos  hogares (uno para niños minusválidos psíquicos y otro para vagabundos) que las hermanas de Teresa de Calcuta tienen en Moscú. Estos mismos ministerios los ejercía en Helsinki, en donde atendía también un convento de carmelitas en la vecina ciudad de Turku, en donde ha sido enterrado hoy mismo, mientras yo, tras el funeral, ya regresaba hacia San Petersburgo.

Conocí al P. Guy casi por casualidad en Tallinn hace unos 8 años. Cuando el obispo de Moscú me  nombró (para gran sorpresa mía y de muchos otros) exorcista diocesano, entablé con él una relación más estrecha, pues era el único exorcista de los alrededores. Como es fácil suponer, un nombramiento de este tipo te deja un poco suspendido en el vacío: por falta de cualquier tipo de formación y de experiencia, y también por el escepticismo que rodea a este ministerio entre  una mayoría de clero, que incluye con frecuencia a los que son encargados del mismo. Yo, como es de suponer, no era una excepción. El P. Guy no sólo compartió conmigo su amplia experiencia, me dio sabios consejos y no pocos materiales (libros, oraciones, etc.), sino que me hizo comprender que este ministerio sólo se puede entender insertado en la misión evangelizadora y catequizadora de la Iglesia. Con frecuencia, lo primero que hay que hacer con los que se dirigen a nosotros en busca de ayuda, es orientarles a la restauración de su vida cristiana, la purificación de la fe y la inserción en la Iglesia.

El contacto con el P. Guy me ha permitido conocer también de cerca la labor evangelizadora que la  Iglesia despliega en Estonia y en Finlandia en medio de grandes dificultades, no sólo por las que dependen del clima y de la lengua (ahí los que estamos en Rusia vivimos condiciones parecidas), sino también por las que dependen de sociedades fuertemente descristianizadas, una (Finlandia) por un hartazgo de bienestar, la otra (Estonia) por los estragos de la época soviética más una secular tendencia al paganismo (según dicen los propios estonios). Es llamativo que el peso de la evangelización en estos dos países recae sobre miembros del Opus Dei (como el obispo de Tallinn, varios sacerdotes y laicos, entre ellos varios españoles) y de los “Kikos”, también sacerdotes y varias familias, procedentes sobre todo de Italia. En Helsinki hay un joven sacerdote italiano que domina perfectamente el finlandés pues vino a este país cuando era un niño junto con su familia del Camino Neocatecumenal.

A decir verdad, también en Rusia, cuando ha perdido fuelle el impulso misionero de los años en que se puso de moda abrir por estos pagos, son también estos dos movimientos casi los únicos que están aumentando su presencia a ojos vistas. Para todos estos ni el clima, ni la lengua, ni la edad, pues algunos se han venido ya bien entrados en años, ni otras dificultades han sido suficientes para dejar de lanzarse a una misión cuyos frutos se verán en el futuro. La verdad es que después de ver este testimonio he decidido abstenerme de hacer ciertas críticas sobre el carácter conservador o progresista de unos y otros. Nunca me han gustado esas categorías, pero menos aún ahora, cuando más allá de reparos más o menos episódicos, no puedo dejar de reconocer en estos grupos un auténtico espíritu misionero, que, a fuer de ser sincero, estoy echando de menos en otros que me son más cercanos.

Hoy, ante el féretro del P. Guy, un misionero de una pieza, le he pedido su intercesión para que la presencia claretiana en San Petersburgo y Murmansk no sólo no disminuya, sino que vaya a más. Las perspectivas vocacionales que han vuelto a abrirse (un candidato de Murmansk, otro de Kaliningrado, más otro posible en ciernes) exigen de nosotros este esfuerzo, aunque de momento las limitaciones de personal nos están obligando a renunciar a ofertas de nuevos frentes (en el campo del trabajo social, de la pastoral familiar) que nos llegan sin cesar, además de impedirnos desarrollar todas las posibilidades evangelizadoras de la parroquia de Murmansk.